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La increíble dualidad del ser humano

Hay historias que trascienden por lo conmovedoras que son en sí mismas. Hoy me he tropezado con dos de ellas. La primera fue a través del facebook. La copio tal cual.

"Mi nombre es José Carlos, bueno, en realidad aquí donde estoy no tengo nombre. En la planta de oncología pediátrica del Virgen del Rocío, los papas no tenemos nombres, nos llamamos por el nombre de nuestro hijo.
Por eso aquí, soy el papa de Valeria A. de 3 añitos que hace tiempo comenzó a sentirse muy mal y fue diagnosticada de una cosa con un nombre muy feo, en su abdomen, que no soy capaz de pronunciar.
Por desgracia para ella, y para toda la familia, hemos tenido que afrontar una de las experiencias más terribles que una familia puede vivir.
Nadie está a salvo de eso, de repente un día te levantas y nada vuelve a ser lo mismo, tú única suerte es que están ellos y que están por todas partes.
Recuerdo el primer día que llegue a esa planta, el equipo médico de oncólogos pediátricos- y todo el personal sanitario- nos cogió fuerte la mano y nunca más nos la soltó.
Ellos sí que saben de esperanza, pero de esperanza de verdad, de esa que te permite levantarte por las mañanas y te hace soñar con un mañana mejor.
Esa esperanza a la que te agarras cuando ves como tu pequeña pierde peso, se le cae el pelito, tiene vómitos,… en definitiva, no es la misma que hace unos meses jugaba en el parque. Todo en ella ha cambiado, todo menos la alegría y las ganas de vivir que el personal de esa planta le inyecta cada día. Son ángeles, personas que tienen un don especial para poder soportar las peculiaridades de cada caso y para tener el valor de seguir sonriendo cada día.
Por desgracia somos un caso de los más de cien que atienden en esta planta en un solo año..… suerte que están ellos y que están por todas partes.
Día a día los ves al límite, por desgracia no pasa un día que no venga un amigo nuevo a la planta a veces incluso varios, a todos los arropan entre sus alas.
Aún recuerdo y nunca lo olvidaré el primer día que entre en aquel lugar. Cuando le diagnostican algo así a la persona que más quieres en este mundo, pierdes el control de tu vida. Te conviertes en un barco a la deriva sin saber por dónde tirar, hasta que Palma, Eduardo, Nacho, Cati, Gema, Elena, Ana, José Antonio, Israel, Rosa, etc, etc, etc, entra en nuestras vidas. Entonces se convierten en nuestros guías, en nuestro faro, nuestra luz y nos van dando las pautas para que no te pierdas. Para que puedas estar a la altura de la situación ya que su apoyo es muy importante para la pequeña. Nosotros tuvimos suerte, porque cada vez que nos invadía una duda, problema o complicación, ellos estaban ahí, al pie del cañón.
Pero hoy nos hemos levantado con una noticia que ha sobrecogido nuestros corazones, el personal sanitario que atiende el hospital infantil se ve drásticamente reducido.
La oncóloga de Valeria, y otros muchos compañeros que ha reconducido muchas vidas, los sientan una semana en su casa porque al parecer no hay dinero suficiente para pagarles, dicen que los médicos que se quedan pueden asumir toda la carga de trabajo, guardias, sábados, etc.
Pobres padres que, cuando se vean perdidos en esta enfermedad tan compleja, vayan a la unidad de oncología, a ecografías, cirugía y le den cita para unos meses por el exceso de trabajo, porque haya menos oncólogos, cirujanos, enfermeros… y se hagan menos pruebas a estos niños cuyos padres esperan con angustia esos resultados.
Pobres médicos y enfermeras que, sabiendo las necesidades de esos niños enfermos, no puedan cubrirlas con los medios que tienen a su disposición.
Y sobre todo, y lo peor, pobres niños que les toque pasar por esto en un momento de “recortes” y “crisis” de la que son lo menos culpables de todos.
Quiero que recapacitéis sobre lo que, dentro de un hospital, se puede o no recortar. Supongo que tendréis unos objetivos de recorte pero quiero que sepan que hay objetivos que no se pueden cumplir por mucho que vengan impuestos, sería importante que las personas que os lo piden lo supieran. Que lo trasmitáis, con nuestra voz y de nuestra mano. Ruego que haga seguir mi carta a donde haga falta para que puedan entender los que mandan, y sin que tengan que pasar por ello, lo duro que ya de por si es tener un hijo enfermo, para que los recortes lo hagan aún más duro y lo que es peor, pueda traer consecuencias graves por la falta de pruebas o el saturamiento de quirófanos y del personal.
Ruego que la persona que lea esto se ponga por un momento en la piel de nosotros –los padres- y que, si tienen hijos, los pongan en la piel de esos niños y que me digan, con la mano en el corazón, si estos recortes son de verdad indispensables y no podéis con vuestros estudios y recursos buscar alternativas a esta situación.
Por favor que los recortes no sea a costa de la calidad de vida y la salud de nuestros hijos, algunos de ellos en la última etapa de su vida.
Gracias".


Al margen del debate sobre política, economía y gestión sanitaria que podemos extraer de ella, y que es evidente, lo que me conmueve es la lucha que este padre tiene que soportar día a día consigo mismo, con su fe, con sus creencias, con sus miedos, para seguir el día a día manteniéndose en pie y con una sonrisa ante la enfermedad de su hija. Y este padre, que debe tener momentos de real enfado con la vida, con el mundo y con Dios, sin embargo, escribe una carta mostrando una gran educación y respeto mientras defiende sus ideas. No se trata de una voz alta, sino de un pensamiento potente.

 
A través del e-mail me he encontrado la segunda historia. 

"Érase una vez una madre de dos niños de 10 y 12 años. Un día, mamá tuvo que explicarles a sus hijos que tenía cáncer, y no supo muy bien cómo hacerlo, así que se puso a escribir. Escribió un cuento de princesas en medio de una gran batalla, con un general vestido con bata blanca dispuesto a ayudarle a ganar la guerra, y un ejército de células malignas campando a sus anchas por su cuerpo.
Irene A. es esa madre que empezó su particular batalla contra el cáncer de mama hace un año. Su experiencia, como madre y paciente, es la historia que guía 'Mamá se va a la guerra' http://www.elmundo.es/elmundosalud/2012/10/11/oncologia/1349944318.html"


Es otra gran ejemplo de superación personal a través de las adversidades que nos encontramos en el día a día, hallando una forma  dulce, tierna de explicar a aquellos que más quieres que padeces una enfermedad.



 Y sin embargo, en contraposición, leyendo Groucho y yo, no he podido dejar de sorprenderme ante este párrafo que trata sobre la parte oscura del ser humano, de la envida, de la competitividad, ¿lucha por la supervivencia?. Dice así:

"No recuerdo su nombre, pero un famoso filósofo misántropo, tras una noche de profundos pensamientos y (después de cortarse tres veces mientras se afeitaba) anunció a un mundo indiferente que nadie era completamente desdichado ante el fracaso de su mejor amigo. Existe la suficiente verdad en esta amplia generalización como para hacer que la mayoría de nosotros nos sintamos culpables, y ciertamente puede ser aplicada al mundo del espectáculo. En el transcurso de los años, he observado demasiados ejemplos de la inhumanidad del hombre hacia el hombre para que pueda discutir la afirmación del filósofo. Habiendo pertenecido únicamente a la profesión teatral, ignoro cómo reacciona ante el éxito o el fracaso la gente que se dedica a otras actividades. Pero estoy seguro de que una gran parte de envidia entra en el maquillaje de casi todo el mundo. El negocio teatral es una profesión muy variable. La estrella de hoy es a menudo el pordiosero de mañana, y viceversa. Probablemente seré apedreado por lo que voy a decir, pero tengo la impresión de que un fracaso sonado en Broadway proporciona alegría y alivio a una parte sustancial del mundo del espectáculo. Eso no significa necesariamente que , a la mañana siguiente de un fracaso resonante, todos los productores, directores y actores salgan a la calle a bailar un fandango, pero la verdad escueta es que casi todo el mundo se siente inquieto cuando un productor rival no sólo se destaca de la masa, sino que continúa haciéndolo. En el mundo del espectáculo el éxito permanente es imperdonable. El fracaso demuestra de manera concluyente que el que acaba de caer no tiene más talento que el resto de la manada, y que la mayoría de éxitos han sido pura suerte".
"Bravo en una palabra magnífica cuando se dirige a uno mismo, pero una exclamación bastante desagradable cuando es lanzada a un competidor. Si fuese chivato, podría hablar de una estrella que solía cerrar la puerta de su camerino y luego abrir el grifo del lavabo sólo para asegurarse de que el sonido de los aplausos o de las risas que arrancaba un rival no llegaban a sus inseguros oídos. En resumen, ningún actor desea que otra persona triunfe más que él. Esto será negado con vehemencia por la mayoría de mis hermanos y hermanas de profesión, pero no te dejes engañar por sus protestas. Los he visto, observado y escuchado. Hasta ahora me he estado refiriendo únicamente a la profesión teatral, pero todos vivimos en una jungla grande y peligrosa. La primera ley de la naturaleza es la supervivencia. La mejor manera de sobrevivir es esperar a que el rival se estrelle. Desdichadamente para la raza humana, estoy seguro de que este aspecto vergonzoso de su condición puede encontrarse en cualquier otro negocio o profesión".

Aparte de estos ejemplos que me han propocionado las redes sociales y los textos, en lo que llevamos de fin de semana, en la vida real tambien me he tropezado con dos de ellos, lamentablemente, del lado negativo del ser humano (tal vez mañana sea más afortunada y me encuentre con el positivo, pero hoy no ha tocado). Dando un tranquilo paseo en un tren turístico a través de un parque, súbitamente el tren paró en mitad del recorrido y el conductor y un señor que iba andando se enfrascaron en una acalorada discusión. El motivo fue insulso, el conductor del tren había pitado a una señora que iba en bicicleta por el carril destinado al tren para que se apartara y lo dejara pasar. Por este  desencadenante, el señor que iba a pie detuvo el tren y se puso a discutir e increpar a voz en grito al conductor. No contento con ésto, cuando el tren reanudó la marcha, para seguir mostrando su opinión por así decirlo, caminó delante del tren hasta que se cansó y se retiró. Poco le importó no llevar razón, entorpecer el trabajo de otros o molestar a los 60 viajeros que durante media hora  permanecieron sentados pacientemente en el vagón del tren mientras éste andaba a paso humano porque este viandante, así lo quiso.

Cuando esta noche llegaba a mi casa, escuché tambien una discusión en plena calle entre una pandilla de 10-12 años (como mucho) con un señor de unos 50 años aproximadamente. Si lamentable eran los insultos que le proferían  los chiquillos, peor era la respuesta de la persona "con más de dos dedos de frente", igualmente,  por un motivo desproporcionado, la típica broma de llamar a un portero automático y salir corriendo.

Creo que todos somos capaces de poner ejemplos de ambas caras del ser humano. Lo único preocupante es que la balanza se incline más hacia el lado negativo que hacia el positivo, y con tanto egoísmo, faltas de educación, de respeto, pérdida de valores que estamos viendo estamos tapando las mejores cualidades que tenemos.
Hay una frase que me gusta mucho de una película (¡cómo no!) y con la que me gustaría concluir: " Nuestro mayor miedo no es que no encajemos, nuestro mayor miedo es que tenemos una fuerza desmesurada, es nuestra luz y no nuestra oscuridad lo que más nos asusta. Empequeñecerse no ayuda al mundo, no hay nadie inteligente en encogerse para que otros no se sientan inseguros a tu alrededor. Todos deberíamos brillar como hacen los niños, no es cosa de unos pocos, sino de todos, y al dejar brillar nuestra propia luz inconscientemente damos permiso a otros para hacer lo mismo al liberarnos de nuestro propio miedo nuestra presencia libera automáticamente a otros. Rick González (Coach Carter)".

¡¡Brillemos!!

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