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Colaboraciones público-privadas


Dado el actual contexto de la crisis económica , no es de extrañar, encontrarnos notas de prensa como la publicada por Levante-emv.com El Mercantil Valenciano  el 11/12/2011, sobre el concierto público-privado en la sanidad :” El Gobierno de Castilla La Mancha recurrirá a la fórmula público-privada para construir los hospitales previsto en Toledo, Cuenca y Guadalajara. Cospedal va a poner en el mercado siete centros hospitalarios bajo fórmulas que en el sector denominan Private Finance Iniciative (PFI) y Public Private Partnerships (PPP). El anuncio es una buena noticia para los principales agentes del sector, aunque habrá que ver si para los usuarios en cuanto a la prestación de los servicios sanitarios. La economía de la salud mueve en conjunto cerca del 9 % del Producto Interior Bruto. De este porcentaje, el 6,5 % lo aporta el sector público, y el 2,5 % el privado. Un análisis de fortalezas y debilidades elaborado en 2008 desde la Fundación Cajamar ya señalaba la oportunidad que se presentaba con la participación de los agentes privados en el sistema público. Sin embargo, advertía de que la guerra de primas de las aseguradoras y los precios ajustados que aplican a las clínicas puede dañar la calidad del servicio. El mismo estudio alertaba sobre los riesgos de realizar «una gestión más económica y menos clínica». Y es que con la salud no se juega, algo que se supone que tendrá claro María Dolores de Cospedal cuando de la vuelta al calcetín del sistema sanitario de Castilla-La Mancha”.

¿Pero realmente tiene color político la colaboración privada en la sanidad pública? A  tenor de lo apuntado, parecería que sí, aunque fórmulas de colaboración o gestión privada en la sanidad pública existen en la mayoría de las comunidades autónomas, al margen del partido que las gobierna .Y además, este modelo no es nuevo.

La colaboración entre el sector público y el privado de la Sanidad en España siempre ha existido, de una u otra forma y con mayor o menor grado de desarrollo. Lo consagra la Ley General de Sanidad de 1986, apoyada en la Constitución.

Una prueba de ello son los conciertos que se establecen desde hace muchos años para descongestionar el sistema público; listas de espera, atención a pacientes crónicos o terminales, exploraciones radiológicas o pruebas analíticas. Otra prueba: los conciertos con las mutualidades de funcionarios públicos, especialmente  Muface (Nacido en  1975, Muface es el modelo más antiguo de colaboración del sector privado con la sanidad pública española dentro de los sistemas de pago capitativo).

Actualmente los  Sistemas de Sanidad de los distintos países están  en entredicho, incluso el español, considerado como uno de los mejores del mundo. Según la OMS, ocupa el séptimo lugar en el ranking, sólo superado por  Francia, Italia, San Marino, Andorra, Malta y Singapur. Otros sin embargo, sitúan la prestación sanitaria española en el puesto 18 de 31 países estudiados. Las hondas transformaciones ocurridas en el ámbito de las economías y las sociedades en el último cuarto de siglo han creado dificultades a los modelos tradicionales de seguridad social planteándoles fuertes retos que han llevado a algunos a cuestionar su supervivencia. Se ha abierto así un gran debate, sobre la crisis de las instituciones de seguridad social y sobre la manera más apropiada de afrontarla. La línea básica en la que viene a coincidir la mayor parte de las propuestas de reforma de la seguridad social es la que propugna la adopción de medidas mixtas, que acogen, tanto la presencia pública como la privada; no es casual que la primera afirmación que hace la Comisión de las CCEE en su Comunicación de 11.10.2000 sea la de que los sistemas de pensiones "comprenden tanto regímenes públicos como privados". Esas propuestas siguen partiendo del modelo público de seguridad social, al que no se renuncia  pero que se complementa con la colaboración del sector privado. La presencia creciente de empresas privadas – y de mercados – en los ámbitos sanitarios es congruente con la tendencia hacia la introducción de mayor competencia en las actividades del sector sanitario como fórmula para ganar en  eficiencia social. Los sistemas sanitarios absorben más del ocho por ciento del PIB mundial y constituyen entramados complejos de actividades productivas, de servicios y de flujos de financiación directos o cruzados.

La mayor parte de las funciones sanitarias son  desempeñadas por un mix de organismos públicos y privados en proporciones diferentes según las características de la actividad. No obstante, ciertas áreas son por naturaleza públicas puras, mientras que otras podrían ser privadas puras. En cualquier caso no resulta fácil determinar el grado óptimo de implantación del sector privado en un sistema sanitario puesto que no se trata de un asunto exclusivamente técnico, sino que también depende de los valores políticos de cada sociedad o país, y de su intensidad de preferencia por un sector público amplio  – como ocurre en la Unión Europea  – o por mayor protagonismo de la iniciativa privada y el mercado  – como en Estados Unidos. También influye la globalización, que  puede ser una fuerza a considerar que presiona hacia la privatización sanitaria. El impacto de la globalización y el desarrollo del Mercado Único Europeo pueden afectar al nivel, forma y tipos de fórmulas de gestión indirecta de naturaleza privada lucrativa que puedan desarrollarse. No obstante, no es previsible que la única opción para mantener los sistemas sociales sanitarios dominantes en la Unión Europea sea renunciar totalmente a la participación privada en la producción de servicios sanitarios, dado los importantes cambios organizativos e institucionales que esto podría acarrear en distintos sistemas sanitarios europeos que compatibilizan altos niveles de igualdad de acceso con producciones privadas (lucrativas y no lucrativas). Tal como indica Mark Moore (2005),  la idea de partenariado público-privado no es nueva. Las organizaciones públicas han confiado desde siempre en el sector privado para conseguir sus objetivos y también las organizaciones privadas. A lo largo de la historia los ámbitos público y privado han colaborado en grandes empresas económicas y en el establecimiento del orden social.

 

En términos generales, y en los países del norte de Europa, donde nace y tiene más desarrollo, partenariado equivale a una forma de diseñar y ejecutar determinadas políticas públicas sobre la base de la colaboración entre los poderes públicos y el sector privado. Los PPP son acuerdos institucionales capaces de movilizar los recursos necesarios en la gestión pública activando la creación de redes interorganizativas complejas en que participen actores tanto del sector público como del privado, y de generar relaciones de corresponsabilidad y consiguientemente de diálogo y cooperación, así como de participación en la gestión. En este contexto, un PPP se define como una colaboración voluntaria y estable entre dos o más organizaciones públicas y privadas, autónomas, para desarrollar conjuntamente productos o servicios, compartiendo riesgos, costes y beneficios. Tiene carácter  voluntario, ya que cada organización se puede apartar de la alianza si lo desea. Cada organización que es una parte potencial del partenariado obtiene beneficios por participar en el acuerdo y, por tanto, evalúa el trato desde su punto de vista y sus intereses. El elemento clave consiste en que el contrato no se produciría entre las partes de manera voluntaria si cada organización no mejorara su posición, en sus propios términos. En España todavía no existe un contrato típico de partenariado. Lo que hubo y hay son fórmulas contractuales diversas, tanto para desarrollar proyectos de infraestructuras como para garantizar la gestión de servicios públicos que permitan instrumentar la colaboración o asociación del sector público y el sector privado y que encajen dentro del concepto genérico de partenariado.

 

Sin embargo, en materia de Sanidad, el problema no es tan simple. No es aconsejable una dosis excesiva de privatización en la producción de servicios sanitarios, que pueda abrir la puerta a propuestas de ruptura del aseguramiento único, o de control del regulador público por parte de las empresas privadas reguladas. Si se quiere evitar la privatización como resultado, la cuestión clave en términos dinámicos es impedir que el sector público acabe siendo controlado por el sector privado. Como dice Evans (1997): “La experiencia internacional en los últimos 40 años ha demostrado que una mayor confianza en el mercado se encuentra asociada a un peor funcionamiento del sistema –inequidad, ineficiencia, mayores costes, e insatisfacción ciudadana-, siendo los EEUU el ejemplo más claro. El mecanismo de mercado ofrece ventajas distributivas para los grupos influyentes: Un sistema sanitario más costoso presenta precios mayores y rentas más elevadas para los proveedores –médicos, compañías farmacéuticas y aseguradoras privadas-. Un sistema de pago privado distribuye los costes totales del sistema de acuerdo con la utilización, real o esperada, de los servicios, con un coste menor que si se financiase con impuestos sobre la renta para los grupos más ricos y más sanos. Estos pueden comprar mejor acceso o calidad por sí mismos, sin tener que soportar un estándar similar al de los demás. Estas razones explican la alianza natural entre proveedores privados y ciudadanos con rentas elevadas en defensa de transferir la financiación pública hacia la financiación privada. Los argumentos analíticos sobre la potencial superioridad de los hipotéticos mercados competitivos son simples formas retóricas en las que este permanente conflicto de interés económico se expresa en el debate político”.

Tampoco estaría  bien despreciar la actividad privada, eso sería igual que despreciar el progreso. El desprecio por la sanidad privada es una realidad en todos los niveles del Estado, que padecemos diariamente y que las autoridades sanitarias pasadas y actuales siguen manteniendo. La actividad en el sector salud es de por sí compleja, exponencialmente aumentada por la actitud de las autoridades respecto a la cobertura privada, quienes la rotulan como incompetente y la acusan de buscar un malévolo lucro a cambio de invertir para prestar servicios de salud para la gente .Debe entenderse que toda la asistencia de salud es pública y no importa si quien la brinda es el sector público o el privado. Los actores del sector privado de salud tanto prestadores como financiadores, están realizando una función pública y merecen la salvaguarda del Estado dado que son parte importante de la actividad sanitaria del país.

 

Si hablamos de servicio sanitarios según sus formas de gestión, encontramos dos tipos:

 -La gestión directa que implica la producción del servicio público directamente por la Administración Pública, aunque sea con persona jurídica interpuesta.

    - Forma sin personificación jurídica, OAA (organismo autónomo de carácter administrativo), ente público, consorcio, fundación y empresa pública.

 -La gestión indirecta  que se caracteriza porque la producción del servicio público es realizada por el sector privado (lucrativo o no), manteniendo la Administración Pública la provisión del servicio público.

     -1. Formas de contratación externa o vinculación contractual, entre las que se    encuentran: convenio, concierto, concesión y arrendamiento.

     -2. Fórmulas jurídicas: cooperativa, sociedad laboral, sociedad mercantil mayoritariamente privada y fundación privada

Si observamos España concretamente, vemos que se están desarrollando algunas de las experiencias más innovadoras en el ámbito de gestión indirecta:

 -Las entidades de base asociativa en la Comunidad Autónoma de Cataluña

 -El caso del Hospital de Alzira (Valencia), cuya construcción y gestión del centro se otorgó en 1999 a un consorcio privado, el cual además asume la responsabilidad de la atención sanitaria de una población definida a cambio de una retribución anual per cápita,  y Torrevieja

- La Comunidad de Madrid ha desarrollado varios esquemas de colaboración

público-privada de 2003 a 2007: el esquema más complejo ha sido el que se ha diseñado para la construcción y explotación de siete de los ocho hospitales que se adjudicaron en 2005.El objetivo era que sin financiación pública se pudieran construir y gestionar estos siete nuevos hospitales, y que el sector privado (concesionario) se hiciera responsable de la construcción y de la gestión, durante treinta años, de los servicios no sanitarios.

 

Finalmente, aunque debe profundizarse todavía más en el análisis de estas colaboraciones entre el sector público y los agentes privados, existen pocas dudas de su legitimidad como instrumento de gestión pública, y en particular de gestión de equipamientos hospitalarios, a utilizar en supuestos concretos sin que pueda asociarse de entrada a la privatización de los propios servicios.


Bibliografia
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- Giordano P., Editorial Despreciar la actividad privada es despreciar el progreso. ADEMP | noviembre 2009 http://www.ademp.com.ar/revistas/pdf_revistas/ademp90.pdf

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- Tamyko Ysa,  Padrós X., Saz-Carranza A:, La gestión interorganizativa y los partenariados público-privados

-San Segundo G., Colaboración público-privada: ¿Cuestión de ideologías? 22/10/10

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-Repullo J.R., LOS SERVICIOS PÚBLICOS DE SALUD A DEBATE: ¿EXTERNALIZACIÓN O NUEVA GESTIÓN PÚBLICA? REVISTA ÁBACO • 2ª ÉPOCA • VOLUMEN 4 • NÚMERO 62 • DICIEMBRE 2009 • ISSN 0213-6252



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