"Un compositor describió así los momentos en los que mejor trabajaba:
Usted se encuentra en un estado estático en el que siente como si casi no existiera. Así es como lo he experimentado yo en numerosas ocasiones. En esos casos, mis manos parecen vacías de mí y yo no tengo nada que ver con lo que ocurre sino que simplemente contemplo maravillado y respetuoso todo lo que sucede. Y eso es algo que fluye por sí mismo.
Esta descripción se asemeja sorprendentemente a la de cientos de hombres y mujeres cuando hablan de una época en la que se superaron a sí mismos en alguna de sus actividades favoritas. La capacidad de entrar en ese estado de "flujo" es el mejor ejemplo de la inteligencia emocional, un estado en el que tal vez se presente el grado superior de control de las emociones al servicio del rendimiento y del aprendizaje. En ese estado las emociones no se ven reprimidas ni canalizadas sino que, por el contrario, se ven activadas, positivadas y alineadas con la tarea que estemos llevando a cabo.
El rasgo distintivo de esta experiencia extraordinaria es una sensación de alegría espontánea, incluso de rapto. Es un estado en el que uno se siente tan bien que resulta intrínsecamente recompensante, un estado en que la gente se absorbe por completo y presta una atención indivisa a lo que está haciendo y su conciencia se funde con su acción. La reflexión excesiva en lo que se está haciendo interrumpe el estado de flujo y hasta el mismo pensamiento de que "lo estoy haciendo muy bien" puede llegar a ponerle fin. En este estado, la atención se focaliza tanto que la persona sólo es consciente de la estrecha franja de percepción relacionada con la tarea que está llevando a cabo, perdiendo también toda noción del tiempo y del espacio.
El flujo es un estado de olvido de uno mismo, el opuesto de la reflexión y la preocupación, un estado en el que la persona, en lugar de perderse en el desasosiego, se encuentra tan absorta en la tarea que está llevando a cabo, que desaparece toda conciencia de sí mismo y abandona hasta las más pequeñas preocupaciones de la vida cotidiana. Dicho de otro modo, los momentos de flujo son momentos en los que el ego se halla completamente ausente. Paradójicamente, sin embargo, las personas que se hallan en este estado exhiben un control extraordinario sobre lo que están haciendo y sus respuestas se ajustan perfectamente a las exigencias cambiantes de la tarea. Y aunque el rendimiento de quienes se hallan en este estado es extraordinario, en tales momentos la persona está totalmente despreocupada de lo que hace y su única motivación descansa en el mero gusto de hacerlo.
Hay varias formas de entrar en ese estado de flujo. Una de ellas consiste en enfocar intencionalmente la atencion en la tarea que se esté llevando a cabo; no hay que olvidar que la esencia del flujo es la concentración. En la entrada en estos dominios parece haber un bucle de realimentacion puesto que, si bien el primer paso necesario para calmarse y centrarse en la tarea requiere un considerable esfuerzo y cierta disciplina, una vez dado ese paso funciona por sí solo, liberando al sujeto de la inquietud emocional y permitiéndole afrontar la tarea sin el menor esfuerzo.
Otra forma posible de entrar en ese estado también puede darse cuando la persona emprende una tarea para la que está capacitado y se compromete con ella en un nivel que exige de todas sus facultades. "Las personas parecen concentrarse mejor cuando se les pide algo más de lo corriente, en cuyo caso son capaces de ir más allá de lo normal. Si la demanda es muy inferior a su capacidad, la persona se aburre y si, por el contrario, es excesiva, termina angustiándole. El estado de flujo tiene lugar en esa delicada franja que separa el aburrimiento de la ansiedad".
El placer, la gracia y la eficacia espontánea que caracterizan al estado de flujo es incompatible con el secuestro emocional en que los impulsos límbicos capturan la totalidad del cerebro. La cualidad de la atención del flujo es relajada aunque muy concentrada; es una concentración muy distinta de la atención tensa propia de los momentos en los que estamos fatigados o aburridos, o en los que nuestra atención se ve asediada por sentimientos intrusivos como la ansiedad o el enojo.
En el flujo el cerebro se halla en un estado "frío", y la activación e inhibición de todos los circuitos neuronales parace ajustarse perfectamente a las demandas de la situación. El cerebro se "sosiega", en el sentido de que hay una disminución de la estimulación cortical. Al parecer, en este caso, se esperaría precisamente lo contrario, es decir que esta clase de tarea requeriría más actividad cortical, no menos, pero una de las claves del flujo es que tiene lugar sin alcanzar el límite de la capacidad, un estado en el que las habilidades se realizan más adecuadamente y los circuitos neuronales funcionan más eficazmente. La zona de flujo y rendimiento óptimo parece ser una especie de oasis de eficacia cortical en el que el gasto de energía cortical es mínimo. En ese estado, hasta el trabajo más duro puede resultar renovador y pleno en lugar de extenuante.
En un estudio realizado sobre doscientos artistas de dieciocho años después de que terminaran sus estudios, se descubrió que aquellos que en sus días de estudiante habían saboreado el puro gozo de pintar eran los que se habían convertido en auténticos pintores, mientras que la mayor parte de quienes habían sido motivados por ensueños de fama y riqueza abandonaron el arte poco después de graduarse. La conclusión fue que pon encima de cualquier otra cosa, lo que los pintores quieren es pintar. Si el artista que se halla frente al lienzo comienza a preguntarse a cuánto venderá la obra o lo que los críticos pensarán de ella, será incapaz de abrir nuevos caminos.
En un sentido amplio, canalizar las emociones hacia un fin más productivo constituye una verdadera aptitud maestra. Ya se trate de controlar los impulsos, de demorar la gratificación, de regular nuestros estados de ánimo para facilitar el pensamiento, de motivarnos a nosotros mismos a perseverar y hacer frente a los contratiempos o de encontrar formas de entrar en ese flujo y así actuar más eficazmente, todo ello parece demostrar el gran poder que poseen las emociones para guiar más eficazmente nuestros esfuerzos."
Fuente: Inteligencia emocional. Daniel Goleman.
Usted se encuentra en un estado estático en el que siente como si casi no existiera. Así es como lo he experimentado yo en numerosas ocasiones. En esos casos, mis manos parecen vacías de mí y yo no tengo nada que ver con lo que ocurre sino que simplemente contemplo maravillado y respetuoso todo lo que sucede. Y eso es algo que fluye por sí mismo.
Esta descripción se asemeja sorprendentemente a la de cientos de hombres y mujeres cuando hablan de una época en la que se superaron a sí mismos en alguna de sus actividades favoritas. La capacidad de entrar en ese estado de "flujo" es el mejor ejemplo de la inteligencia emocional, un estado en el que tal vez se presente el grado superior de control de las emociones al servicio del rendimiento y del aprendizaje. En ese estado las emociones no se ven reprimidas ni canalizadas sino que, por el contrario, se ven activadas, positivadas y alineadas con la tarea que estemos llevando a cabo.
El rasgo distintivo de esta experiencia extraordinaria es una sensación de alegría espontánea, incluso de rapto. Es un estado en el que uno se siente tan bien que resulta intrínsecamente recompensante, un estado en que la gente se absorbe por completo y presta una atención indivisa a lo que está haciendo y su conciencia se funde con su acción. La reflexión excesiva en lo que se está haciendo interrumpe el estado de flujo y hasta el mismo pensamiento de que "lo estoy haciendo muy bien" puede llegar a ponerle fin. En este estado, la atención se focaliza tanto que la persona sólo es consciente de la estrecha franja de percepción relacionada con la tarea que está llevando a cabo, perdiendo también toda noción del tiempo y del espacio.
El flujo es un estado de olvido de uno mismo, el opuesto de la reflexión y la preocupación, un estado en el que la persona, en lugar de perderse en el desasosiego, se encuentra tan absorta en la tarea que está llevando a cabo, que desaparece toda conciencia de sí mismo y abandona hasta las más pequeñas preocupaciones de la vida cotidiana. Dicho de otro modo, los momentos de flujo son momentos en los que el ego se halla completamente ausente. Paradójicamente, sin embargo, las personas que se hallan en este estado exhiben un control extraordinario sobre lo que están haciendo y sus respuestas se ajustan perfectamente a las exigencias cambiantes de la tarea. Y aunque el rendimiento de quienes se hallan en este estado es extraordinario, en tales momentos la persona está totalmente despreocupada de lo que hace y su única motivación descansa en el mero gusto de hacerlo.
Hay varias formas de entrar en ese estado de flujo. Una de ellas consiste en enfocar intencionalmente la atencion en la tarea que se esté llevando a cabo; no hay que olvidar que la esencia del flujo es la concentración. En la entrada en estos dominios parece haber un bucle de realimentacion puesto que, si bien el primer paso necesario para calmarse y centrarse en la tarea requiere un considerable esfuerzo y cierta disciplina, una vez dado ese paso funciona por sí solo, liberando al sujeto de la inquietud emocional y permitiéndole afrontar la tarea sin el menor esfuerzo.
Otra forma posible de entrar en ese estado también puede darse cuando la persona emprende una tarea para la que está capacitado y se compromete con ella en un nivel que exige de todas sus facultades. "Las personas parecen concentrarse mejor cuando se les pide algo más de lo corriente, en cuyo caso son capaces de ir más allá de lo normal. Si la demanda es muy inferior a su capacidad, la persona se aburre y si, por el contrario, es excesiva, termina angustiándole. El estado de flujo tiene lugar en esa delicada franja que separa el aburrimiento de la ansiedad".
El placer, la gracia y la eficacia espontánea que caracterizan al estado de flujo es incompatible con el secuestro emocional en que los impulsos límbicos capturan la totalidad del cerebro. La cualidad de la atención del flujo es relajada aunque muy concentrada; es una concentración muy distinta de la atención tensa propia de los momentos en los que estamos fatigados o aburridos, o en los que nuestra atención se ve asediada por sentimientos intrusivos como la ansiedad o el enojo.
En el flujo el cerebro se halla en un estado "frío", y la activación e inhibición de todos los circuitos neuronales parace ajustarse perfectamente a las demandas de la situación. El cerebro se "sosiega", en el sentido de que hay una disminución de la estimulación cortical. Al parecer, en este caso, se esperaría precisamente lo contrario, es decir que esta clase de tarea requeriría más actividad cortical, no menos, pero una de las claves del flujo es que tiene lugar sin alcanzar el límite de la capacidad, un estado en el que las habilidades se realizan más adecuadamente y los circuitos neuronales funcionan más eficazmente. La zona de flujo y rendimiento óptimo parece ser una especie de oasis de eficacia cortical en el que el gasto de energía cortical es mínimo. En ese estado, hasta el trabajo más duro puede resultar renovador y pleno en lugar de extenuante.
En un estudio realizado sobre doscientos artistas de dieciocho años después de que terminaran sus estudios, se descubrió que aquellos que en sus días de estudiante habían saboreado el puro gozo de pintar eran los que se habían convertido en auténticos pintores, mientras que la mayor parte de quienes habían sido motivados por ensueños de fama y riqueza abandonaron el arte poco después de graduarse. La conclusión fue que pon encima de cualquier otra cosa, lo que los pintores quieren es pintar. Si el artista que se halla frente al lienzo comienza a preguntarse a cuánto venderá la obra o lo que los críticos pensarán de ella, será incapaz de abrir nuevos caminos.
En un sentido amplio, canalizar las emociones hacia un fin más productivo constituye una verdadera aptitud maestra. Ya se trate de controlar los impulsos, de demorar la gratificación, de regular nuestros estados de ánimo para facilitar el pensamiento, de motivarnos a nosotros mismos a perseverar y hacer frente a los contratiempos o de encontrar formas de entrar en ese flujo y así actuar más eficazmente, todo ello parece demostrar el gran poder que poseen las emociones para guiar más eficazmente nuestros esfuerzos."
Fuente: Inteligencia emocional. Daniel Goleman.
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