DESEMPEÑO DEL SISTEMA SANITARIO
Lo que tendríamos que valorar en este apartado, es qué se consigue con los recursos dedicados en cada sistema sanitario concreto. El desempeño depende de las cuatro funciones de los sistemas mencionadas. Además incluye un conjunto de actividades: medir si se alcanzan las metas, medir los recursos para conseguir dichos resultados, estimar la eficiencia con que se usaron, evalúa como las funciones influyen en lo que se ha conseguido de logro y eficiencia, diseña y pone en práctica políticas para mejorar esto. Me refiero ahora al informe Spain: Health system review. Health Systems in Transition, 2010. Este informe proporciona una evaluación del sistema sanitario español y de las iniciativas políticas en curso. Esta evaluación se realiza desde diversas perspectivas calidad y seguridad de pacientes, eficiencia, satisfacción, equidad.
Con arreglo a criterios de medición internacionales, el SNS ocupa, en general, una posición bastante elevada, ya que obtiene de forma sostenida buenos resultados en distintos ámbitos evaluados: parámetros relativos al estado de salud de la población; parámetros de cobertura, acceso y equidad financiera; resultados de salud atribuibles a la acción del sistema sanitario, calidad y seguridad de la atención sanitaria; la satisfacción de los usuarios y la legitimidad del sistema según la opinión de la población (con la excepción de la información dirigida a los pacientes y la gestión de las listas de espera).
Estos logros se han alcanzado con un nivel relativamente bajo de gasto. La conclusión que puede extraerse de estos datos es que, en términos generales, los ciudadanos españoles disfrutan de un sistema sanitario con una buena relación coste-calidad.
Desde el punto de vista de las diferencias geográficas de utilización y resultados, se ha comprobado la existencia de una amplia variabilidad injustificada en el acceso, la calidad, la seguridad y la eficiencia, no sólo entre regiones, sino también y sobre todo entre áreas de salud y hospitales. Algunos ejemplos:
La utilización de la angioplastia coronaria transluminal percutánea (ACTP) presenta un rango de variación en el que las áreas de salud con mayor utilización quintuplican las tasas de aquellas con menor utilización, pese a que el uso de ACTP se ha incrementado con el transcurso del tiempo. Igualmente, el riesgo de mortalidad tras una ACTP puede ser el doble en un hospital que en otro.
También se ha analizado la variabilidad en el uso inapropiado de procedimientos; así, las tasas de prostatectomía aumentan con el tiempo, de la misma forma que crece la variabilidad entre áreas de salud, la cifra de cesáreas, por otra parte, se incrementa de forma injustificada, aunque la variabilidad entre hospitales está reduciéndose debido a la convergencia en tasas altas de todos los proveedores.
Indicadores de seguridad, como la tasa de mortalidad causada por grupos diagnósticos de baja mortalidad, las úlceras de decúbito, las infecciones relacionadas con el uso de catéteres, el tromboembolismo pulmonar y la trombosis venosa profunda después de procedimientos quirúrgicos o la sepsis postoperatoria, registraron diferencias entre áreas de salud que se expresan en razones de variación de entre 2,2 y 4,5.
En cuanto a la gestión de las afecciones crónicas, las hospitalizaciones evitables relacionadas con las complicaciones a corto plazo de la diabetes pueden ser hasta 12 veces más frecuentes en un área de salud que en otra, una variabilidad que, además, se ha incrementado con el paso de los años. De forma similar, los ingresos en hospitales de agudos debido a psicosis afectivas pueden ser 28 veces más frecuentes en un área que en otra. Las diferencias entre hospitales (clasificados por tamaño) en el índice de eficiencia técnica son notables: el 26% de los hospitales con entre 501 y 1.000 camas eran, como mínimo, un 15% más ineficientes que el estándar (la eficiencia “media” calculada a partir del universo de ingresos que se han producido en los hospitales de la muestra). Asimismo, el 12% de los hospitales con entre 201 y 500 camas eran, como mínimo, un 25% menos eficientes que el estándar para el tratamiento de pacientes similares.
Más allá de estas evidencias cuantitativas, se han llevado a cabo varias iniciativas destinadas a recoger las opiniones de las partes involucradas del SNS sobre los principales problemas del mismo.
Los distintos actores (pacientes, profesionales y responsables políticos) parecen estar de acuerdo en que la información es básica para la mejora de la calidad, la fiabilidad y la sostenibilidad del SNS. Pese a que se han puesto en práctica importantes actuaciones para desarrollar la base tecnológica, la información del sistema sanitario en España carece de un marco común de valoración de los resultados De hecho, el sistema está todavía basado en exceso en datos de recursos o de actividad (en detrimento de la información sobre resultados) y la conectividad entre los sistemas de información sanitaria continúa siendo limitada (tanto dentro de las comunidades autónomas como entre ellas). Esta situación ha frenado la posibilidad de una evaluación sistemática del rendimiento del SNS a cualquier nivel de desagregación.
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