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Lo mejor que pudo suceder

¿Cuál es el sentido de la vida? Cada uno puede dar una respuesta distinta a esta pregunta, su propia respuesta, todas válidas. Me ha sorprendido el libro de Victor Frankl (3) a este respecto que habla sobre cúal fue su sentido de la vida para mantenerse vivo durante el tiempo en que vivió en el campo de concentración: la libertad de elegir qué sentir..."descubrí que había algo que no te podían arrebatar, patrimonio exclusivo tuyo, innegable, absoluto,...cerrar los ojos y encontrarte con el rostro de la persona amada, y ese encuentro, aún en las peores circunstancias, cuando ya no te quedaba nada que creer ni por lo que luchar, cuando la esperanza estaba totalmente perdida, cuando todo a tu alrededor era caos, angustia, desolación, injusticia y falta de humanidad, ese encuentro, te daba paz y felicidad, y sonreías". Dicen que la energía más poderosa del mundo es la voluntad. Se equivocan, hay otra capaz de mover montañas, el amor. Esa fuerza imparable, que está ahí, que se siente y que te envuelve. Que te nace desde el fondo y que te sale, que lo eres, que lo vives y que lo das porque es imposible no hacerlo. No se puede contener, no se puede retener, no se puede prohibir, no se puede explicar. De las únicas cosas en el mundo que no depende de la otra persona y no por eso dejas de sentirlo, porque depende única y exclusivamente de que lo sientas tú, de lo que eres tú.

Por eso, la verdadera desgracia en este mundo es no ser libre de ser tú porque te pierdas esa paz, esa felicidad y esa sonrisa.


Durante un episodio de fiebre tifoidea, para luchar contra los delirios de la fiebre y mantenerse despierto, durante dieciséis noches Frankl punteó en unos diminutos trozos de papel, a oscuras y taquigráficamente, las palabras claves de aquel libro que le confiscaron los guardias de Auschwitz (3). (Cuando salió de allí en nueve días lo escribió y concluyó, nueve días). Su sentido de la vida era su última voluntad de memoria aprendida: “Si acaso no regreso a casa junto a mi mujer y tú la vuelves a ver, dile que yo hablaba de ella todos los días, a todas horas. Recuérdalo. En segundo lugar, dile que la he amado más que a nadie en el mundo. Y en tercer lugar, que la felicidad del breve tiempo de nuestro matrimonio compensa todo lo demás, incluido el sufrimiento soportado aquí”.


 En el libro dice que el amor es la meta última y más alta a la que puede aspirar el hombre. La salvación del hombre sólo es posible en el amor y a través del amor (3). Coincide con Mozart: " Ni una inteligencia sublime, ni una gran imaginación, ni las dos cosas juntas forman el genio; amor, eso es el alma del genio", o con San Pablo: " Al final, lo que queda es el amor". Un hombre, despojado de todo, puede saborear la felicidad, aunque sólo sea un suspiro de felicidad, si contempla el rostro de su ser querido. Aún cuando el hombre se encuentre en una situación de desolación absoluta, sin la posibilidad de expresarse por medio de una acción positiva, con el único horizonte que soportar con dignidad el sufrimiento omnipresente, aún en esa situación ese hombre puede realizarse en la amorosa contemplación de la imagen de su persona amada.

El amor trasciende la persona física del ser amado y encuentra su sentido más profundo en el ser espiritual del otro. Que esté o no presente, que incluso continúe viva o no, de algún modo pierde su importancia. No hay necesidad de comprobarlo, nada podía afectar esa fuerza (3). Hago aquí un inciso para comentar una frase que ví en una red social que decía algo así como: "Me gusta cuando una canción se convierte en persona". Fue entonces cuando recordé un fragmento de El punto ciego de Goleman (4) que decía cómo la mente es capaz de recordar cosas que no es consciente que ve, pero que inconscientemente sí fueron percibidas, y por eso dejaron huellas y se recuerdan. Lamentablemente, esto no siempre juega a nuestro favor, lo mismo recuerda cosas positivas que traumas del pasado. La cuestión esencial es plantearnos cada vez que observemos un suceso, que hay una parte de él que no vemos y otra parte, que inconscientemente vemos pero no nos estamos enterando de ello. Ojo al dato con juzgar los acontecimientos a la primera dejándonos llevar sólo por nuestras percepciones. La mente es poderosa y aún desconocemos mucho sobre su funcionamiento.

El libro de Frankl (3) pone de manifiesto muchos “sentidos de la vida”, otro que me impresionó fue el ejemplo que pone de un doctor polaco que dirigía un orfanato de Varsovia. En 1942 deportaron a los huérfanos, y a él le ofrecieron la oportunidad de quedarse, oferta que desestimó y subió al tren con dos pequeños huérfanos en sus brazos. Lo mataron, lo mataron por solidaridad con los huérfanos. Ese gran hombre no sobrevivió a causa de su sentido de la vida, murió por él. Tal fue el caso de otros que fueron asesinados por defender a un compañero, por ocupar el lugar de otro recurso en la fila, o por negarse a cumplir una orden de las SS par agredir a otra persona, o dar pan a un niño hambriento. Los mejores, no regresaron de los campos, murieron por su sentido de la vida. Durante el tiempo de cautiverio hubo muchas ocasiones donde los sentidos se pusieron de manifiesto, de muchos tipos, variados en el tiempo incluso para la misma persona.

 El que para mí engloba los demás, y es el sustento, es la libertad interior. Elegir ser uno mismo, elegir mantener tus principios, elegir conservar la dignidad humana.

Aquél que no la encontraba, descendía a un nivel animal, y aquí cito a Mario Alonso Puig (5):” no somos criaturas que sólo reaccionemos, que nos pinchan y quitamos el dedo, que nos queman y quitamos la mano, hemos de recuperar nuestra libertad interior. Decirnos: de acuerdo esta situación es dura, esta situación es compleja, de haber podido elegir no la hubiese elegido por nada, pero me ha tocado, ¿qué puedo hacer para relacionarme con esa situación con mucha más potencia y mucha más energía? En ese momento es cuando uso mi libertad interior y salgo de la dimensión de máquina, ya no reacciono, ya no dependo de las circunstancias, soy influido por las circunstancias, pero no determinado por ellas”.

 Muchas veces tenemos miedo a salir de nuestra zona de confort para abrirnos a un mundo complejo y lleno de incertidumbres. El momento más difícil, como se suele decir, es dar el primer paso, hace falta una palanca emocional para hacerlo. Frankl (3) refiere que tuvo una oportunidad de fugarse, y que sólo el hecho de tener que tomar esa decisión lo tenía preso de una inquietud desapacible que oprimía su corazón. Tan sólo con decirlo, con expresar su inquebrantable resolución de permanecer junto a sus enfermos, desapareció ese nudo interior. Desconocía lo que le esperaba al haber elegido quedarse en el campo, pero ganó en paz interior al tomar la decisión coherente con sus principios. Eso es el compromiso con los valores, el dejarse la piel si es necesario.

 Los valores son todo aquello que a ti como ser humano te perfecciona, son nuestro faro en este mundo (5). Había algo más en juego, la salud de sus compañeros y ahí fue donde este hombre se hizo grande en aquel campo que pretendía aniquilarles la vida. Te pueden quitar la vida como decían en el discurso de William Wallace en Braveheart, pero lo que no te pueden quitar es la libertad. ¿Recordamos a Mandela? ¿Recordamos el poema de William Ernest Henley que conocimos por la película Invictus? También este poeta, poco conocido fue un ejemplo de libertad como sentido de la vida. Henley fue víctima de una tuberculosis ósea y le amputaron la pierna por debajo de la rodilla como único medio para salvar su vida. Desde la cama de su hospital escribió ese poema: “ Más allá de este lugar de ira y lágrimas…. me encontrará sin miedo…siendo el amo de mi destino, siendo el capitán de mi alma (6).”

La verdadera grandeza del ser humano es el uso de tu libertad interior para usar tu potencial de ser humano. 

Cada hombre, aun bajo unas condiciones tan trágicas, guarda la libertad interior de decidir quién quiere ser, espiritual y mentalmente, porque incluso en esas circunstancias es capaz de conservar la dignidad de seguir sintiendo como un ser humano. ¿Siempre tenemos que ser acción para esto? No necesariamente, una vida activa cumple con la finalidad de presentar al hombre la oportunidad de desempeñar un trabajo que le proporciona valores creativos, una vida de contemplación en cambio le permite desplegar la plenitud de sus vivencias, pero también la vida huérfana de creación o vivencia, aquella que sólo permite como única posibilidad de respuesta la actitud erguida del hombre ante su destino adverso atesora un sentido de la vida porque le permite conservar su valor, dignidad y generosidad.

 ¿Lo hicieron todos en el campo? ¿Lo hacemos todos en nuestras vidas? No, hay quienes aprovechan las desafortunadas experiencias para convertirlas en victorias, transformar su vida en un triunfo interior, pero hay quienes, desdeñan el reto, y se limitan a vegetar. Muchos de los que no volvieron de los campos fue por este motivo, no tenían un porqué para vivir y no pudieron soportar el cómo. Es curioso como este libro (3) escrito en 1945 habla ya de la relación estrecha entre el estado de ánimo de una persona (su valor, esperanza o falta de ambos) con el estado inmunológico. Los que perdieron la esperanza en el futuro y su voluntad de vivir, sufrieron un debilitamiento de su sistema inmunológico y sucumbieron a infecciones latentes.

 Me gusta como Frankl utiliza otro significado del sentido de la vida cuando dice que lo importante es transmitir a los hombres desesperados que no importa qué es lo que nosotros esperamos  de la vida, sino que es la vida la que nos está reclamando y la que espera algo de nosotros. En ocasiones bastaba hacerles comprender que lo que les esperaba de la vida era un hijo al que adoraban y que los esperaba con todo su corazón o la obra de un científico que sólo ese hombre podía concluir. El hombre es el ser que siempre decide lo que es. Es quien inventó las cámaras de gas y también el que entró con paso firme en ellas. La grandeza del ser humano, el ser la mejor versión de uno mismo, no es otra cosa que ser lo que somos, humanos. El sentido de la vida es lo que no nos pueden arrebatar, es la capacidad de elección interior que poseemos, de elección por aquellos valores que nos hacen ser personas a pesar de lo dramático, incierto o complejidad de las circunstancias. Podemos encontrarlo desafiando nosotros mismos a la vida o de manera pasiva escuchando cómo la vida nos pide que demos la talla que por naturaleza tenemos.

¿Esto me funciona? Depende con qué midas el resultado. Volviendo al sentido de la vida, y los múltiples sentidos que puedas otorgarle a tu vida según el momento, habrá veces en que el resultado sea positivo y otras, negativo. Si montas una empresa con toda tu ilusión, invirtiéndolo todo y quiebra, ¿has fracasado? Si le das un bocadillo a un mendigo que te ha pedido dinero y al volver la esquina lo tira a un contenedor ¿has fracasado? Si escribes un libro dedicándole horas de esfuerzo y no vendes ni un ejemplar ¿has fracasado? Si amas a alguien y no te corresponde ¿has fracasado? Cuando el resultado es positivo y el éxito es visible, simbolizado por ejemplo en dinero, un trofeo etc…es fácil decirte a ti mismo: “Esto me funciona”. Cuando el resultado es negativo es cuando viene el autosabotaje “no valgo para esto” “me han engañado” “nunca conseguiré tener lo que quiero”…

 Las ideas son claves cuando se convierten en el ideal de una vida.

Hay que aceptar los riesgos porque es donde los seres humanos crecemos y evolucionamos, el decir sí a los desafíos y a pesar del dolor, de la confusión y de la frustración tener siempre una imagen de grandeza. La salvación de nuestro mundo se encuentra en el corazón de las personas, en su humildad, la humildad para asombrarse, la humildad para sorprenderse, la humildad para mirarnos a nosotros mismos con ojos nuevos, y no juzgarnos, ser responsables de nuestras vidas. Para eso tenemos que enfocarnos en lo que está bien, no en quien tiene la culpa de que las cosas no me salgan como quiero, sino en qué puedo hacer para mejorarlo y para que en el próximo intento, obtenga un mejor resultado. Si has luchado con todas tus fuerzas, si has hecho el máximo de lo que podías hacer siendo coherente contigo mismo, no perdiendo tu dignidad como ser humano, defendiendo tus valores hasta el final ¿quién te puede decir “esto no te he funcionado, has fracasado”?.

En las peores derrotas, es donde se encuentran los mayores éxitos(5). Citando a Goleman (7): "Un compositor describió así los momentos en los que mejor trabajaba: Usted se encuentra en un estado estático en el que siente como si casi no existiera. Mis manos parecen vacías de mí y yo no tengo nada que ver con lo que ocurre sino que simplemente contemplo maravillado y respetuoso todo lo que sucede. Y eso es algo que fluye por sí mismo.

 Esta descripción se asemeja sorprendentemente a la de cientos de hombres y mujeres cuando hablan de una época en la que se superaron a sí mismos en alguna de sus actividades favoritas. La capacidad de entrar en ese estado de "flujo" es el mejor ejemplo de la inteligencia emocional, un estado en el que tal vez se presente el grado superior de control de las emociones al servicio del rendimiento y del aprendizaje. En ese estado las emociones no se ven reprimidas ni canalizadas sino que, por el contrario, se ven activadas, positivadas y alineadas con la tarea que estemos llevando a cabo. El rasgo distintivo de esta experiencia extraordinaria es una sensación de alegría espontánea, incluso de rapto. Es un estado en el que uno se siente tan bien que resulta intrínsecamente recompensante, un estado en que la gente se absorbe por completo y presta una atención indivisa a lo que está haciendo y su conciencia se funde con su acción. La atención se focaliza tanto que la persona sólo es consciente de la estrecha franja de percepción relacionada con la tarea que está llevando a cabo, perdiendo también toda noción del tiempo y del espacio. El flujo es un estado de olvido de uno mismo. Dicho de otro modo, los momentos de flujo son momentos en los que el ego se halla completamente ausente. Paradójicamente, sin embargo, las personas que se hallan en este estado exhiben un control extraordinario sobre lo que están haciendo y sus respuestas se ajustan perfectamente a las exigencias cambiantes de la tarea. Y aunque el rendimiento de quienes se hallan en este estado es extraordinario, en tales momentos la persona está totalmente despreocupada de lo que hace y su única motivación descansa en el mero gusto de hacerlo.

Hay varias formas de entrar en ese estado de flujo. Una de ellas consiste en enfocar intencionalmente la atención en la tarea que se esté llevando a cabo. Otra forma posible de entrar puede darse cuando la persona emprende una tarea para la que está capacitado y se compromete con ella en un nivel que exige de todas sus facultades. "Las personas parecen concentrarse mejor cuando se les pide algo más de lo corriente, en cuyo caso son capaces de ir más allá de lo normal”. En un estudio realizado sobre doscientos artistas de dieciocho años después de que terminaran sus estudios, se descubrió que aquellos que en sus días de estudiante habían saboreado el puro gozo de pintar eran los que se habían convertido en auténticos pintores, mientras que la mayor parte de quienes habían sido motivados por ensueños de fama y riqueza abandonaron el arte poco después de graduarse. La conclusión fue que pon encima de cualquier otra cosa, lo que los pintores quieren es pintar. Si el artista que se halla frente al lienzo comienza a preguntarse a cuánto venderá la obra o lo que los críticos pensarán de ella, será incapaz de abrir nuevos caminos”

Cuando un ser humano dice sí al desafío, y ante la oscuridad cree que hay diamantes en algún lugar ahí en la oscuridad y está convencido, tiene fe, cree a pesar de todas las evidencias en contra en que los va a encontrar, se activa una parte del cerebro, y piensas con más claridad, tomas mejores decisiones y te vuelves más creativo. Por eso es importante dar el paso más pequeño que te atreves dar y entrar en la zona del coraje, porque es así cuando se despiertan nuestros talentos. Hay que aguantar en las circunstancias adversas con determinación,confianza, perseverancia y paciencia, porque si aguantas firme y creyendo tus posibilidades, el cerebro busca la solución para salir de ahí, abriendo la ventana de la creatividad y la inteligencia (5). El mundo entero se burla del poeta y le apellida loco, demente soñador (Rubén Darío).Mas nunca los sueños dieron tantos giros a una vida. Qué digo, a muchas.

Mi padre siempre me apoyó, aunque muchísimas veces él lo hubiera hecho de otra forma, no por eso, dejó de respetarme e impulsarme. Aunque no me lo decía, en silencio, hacía las cosas que sabía que quería. Era una persona que daba todo por cumplir el sueño de las personas que quería. Mi madre le decía, de bueno eres tonto, pero no era así... Lealtad es, ser quien tienes que ser aun sin testigos, e incluso en la oscuridad cuando nada te obliga mas que el respeto por ti mismo. Eso, me lo enseñó él. Muchos tienen una idea errónea de la felicidad, no es obtener gratificaciones, es ser fiel a un propósito, a lo que es importante para ti, a tus valores, a tus convicciones. No es fácil lo sé, pero es lo que te dará paz contigo mismo y por las noches al acostarte, independientemente del resultado, te dirás: hice lo correcto, lo que mi corazón me dijo que tenía que hacer. Un violinista cuando toca el violín lo hace con pasión y con todo el alma... ¿Para qué hacer algo que no te apasiona? Si vas a hacer algo que no te apasiona, no lo hagas. Aunque no sabes qué es lo que buscas, lo que buscas te busca. A.jodorowsky.---, sí, y le quitaba el sueño.

Aléjame de la sabiduría que no llora, la filosofía que no ríe y la grandeza que no se inclina ante los niños. Khalil Gibran.

Mi padre era pasión en estado puro, una persona muy callada, que no decía, lo hacía, por eso en la tumba de mi padre reza: El día que yo me muera, no me vengáis a llorar. Nunca estaré bajo tierra. Soy viento de libertad. Darse cuenta de la verdad de estas palabras, no es nada fácil. Sin embargo, así es. Hoy prometí hablar de cerebro y libertad y estoy hablando de sentido de la vida. Estoy hablando de amor. He empezado hablando de muerte porque la muerte sólo elimina lo accesorio dejando al descubierto lo esencial. Y lo esencial es que eso es irrebatable como decía V. Frankl (3): la libertad de elegir ser uno mismo, la libertad de elegir ser lo que sientes, la libertad de elegir sentir el amor que sientes. Lo decía también El Principito (9): lo esencial es invisible a los ojos y eso no se pierde ni con la muerte, tormentas, tempestades o el tiempo.

Hace poco leí a un amigo compartiendo una reflexión suya que me encantó: "Como lo he vivido y experimentado puedo afirmar que el amor real existe". Recuerdo un capítulo de la popular serie Anatomía de Grey en el que Meredith hablaba precisamente sobre eso:" ya lo viví, ya lo tengo en mí, y soy feliz. Si no lo vuelvo a vivir no pasará nada porque ya lo tengo todo". De cualquiera de las formas, con cualquiera de los resultados que trajo la vida, creo que con ser fiel al amor a lo que eres, a lo haces, a lo que para ti es importante y fuente de sentido, siempre sales ganando. Los corazones que no aman acaban convertidos en piedra. Elige el final que querrías tener para tu vida.

Yo creo que mi padre si hubiera podido elegir, habría elegido ese.  

Cuánto lo quería. Siempre recordaré el poema de Bécquer (10): " Como se arranca el hierro de una herida, su amor de mis entrañas arranqué, aunque supiera que al hacerlo, la vida me arrancaba con él". Y sin embargo, querido Dios, mi misericordia fue más grande que mi enfado, hace mucho que te perdoné. Como médico, de familia y por si fuera poco, además preventivista, mi deber es luchar por la vida. Pero ante todo soy persona, y cuando los tratamientos o ayudas han fallado, y la persona sufre por el motivo que sea, puede que "no esté de acuerdo con tu opinión, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarla"-decía Voltaire. Leí una frase en un tweet sacada de un libro de estadística del que no recuerdo el nombre: “la ausencia de correlación observada no implica una ausencia de causalidad” o como decía mi maestro, “la ausencia de evidencia, no es evidencia de nada”. Sólo de que no lo sabemos todos. Con frecuencia, tendemos a pasar de un hecho a una interpretación, un fenómeno concreto observado, lo extrapolamos y hacemos una teoría universal que lo explica. A nuestra mente le gusta hacerse teorías universales, correctas o no, es otra historia, pero así se explica las cosas y puede comprender mejor este mundo lleno de incertidumbres. Nos da miedo lo desconocido, y hay más cosas que desconocemos que conocidas, de ahí la “necesidad” de hacernos teorías que nos lo expliquen o “justifiquen” todo. Esto me recordó el libro de “El Cisne negro” de Nassim Nicholas Taleb(11). En el prólogo dice que antiguamente, se tenía la creencia que todos los cisnes eran blancos. Era un hecho irrefutable. Todos los cisnes observados, eran blancos. Bastó una sola observación de un cisne negro, un solo hecho, para dinamitar dicha teoría. ¿Todo lo que sabemos o creemos saber, son hechos irrefutables? ¿Somos tan prepotentes que nos creemos conocerlo absolutamente todo? ¿Con qué facilidad estamos hablando de hechos ciertos, cuando en realidad son sólo interpretaciones?

Cada vez estoy más convencida de que todo no es ni blanco ni negro. Los extremos no existen. En medio hay una gran gama de variaciones de colores que ni conocemos porque no hemos observado, o que aun conociendo, nos hemos autoocultado. Lo que sí es muy cierto, es que estoy más que convencida de que ni nos conocemos del todo y mucho menos al oponente. Dios me libre de juzgar a otra persona sin estar en sus zapatos, muy probablemente, lo estaría “interpretando”.

 La vida no es justa y a veces nos plantea pérdidas que debemos aceptar y dejar ir. Ahora sé que mi único papel en ese momento era respetar y acompañar para que se pudiera ir con la dignidad con la que le hubiera gustado marcharse. En fin...al menos yo creo en eso. El amor es respeto, presencia, incondicionalidad y libertad en cualquiera que sea el ámbito a aplicar. Coincido con la Sociedad Española de Medicina Paliativa en que la tasa de supervivencia no puede pesar más que la de calidad de vida y dignidad, porque hay dolores que van más allá de los dolores físicos. Por eso, por los que hoy ya no están seguiré siempre adelante con una sonrisa agradecida por todo lo que me enseñó con su ejemplo sobre la vida, y sobre el amor.

Mi padre habría sido muy infeliz si hubiera sobrevivido a esa enfermedad y no hubiera podido ser él.  

Con una enfermedad que le había arrebatado desde el inicio su voluntad de elegir quién quería ser, y lo hubiera condenado a una vida sin la capacidad de sentir y luchar por lo que más valoraba, habría sido imperdonable no haberlo dejado irse como él hubiera querido, siendo él mismo. No el doble, ni por dos, ni al cuadrado sino con la fuerza que de un ejército de tres mil latidos y doscientos litros de sangre que queriéndote dar más de lo que tiene, te da todo lo es (Elvira Sastre (12)).

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