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ATENCIÓN INTEGRADA EN ICTUS

EVOLUCIÓN DESPUÉS DEL ICTUS 

 Déficit y discapacidad(15)

 El ictus es la causa más importante de invalidez o discapacidad a largo plazo en el adulto y la segunda causa de demencia. A los 6 meses del ictus, el 26,1% de los pacientes han fallecido, el 41,5% están independientes y el 32,4% son dependientes, estimándose de forma global que entre los supervivientes del ictus el 44% quedan con una dependencia funcional. Según datos de la Encuesta sobre Discapacidades, Deficiencias y Estado de Salud (INE 1999 811.746 mayores de 65 años presentan una dependencia causada por ECV, de un total de 1.113.626 personas con dependencia, lo que supone un 73%. De ellos, un tercio tiene dependencia moderada, el 50% dependencia grave, y el 16% dependencia muy grave. Los ancianos dependientes suponen el 17% del total de mayores.

 Los principales déficit, discapacidades y complicaciones observables después de un ictus son: parálisis, desequilibrio, trastorno del habla/lenguaje, trastornos visuales, déficit cognitivos, alteraciones emocionales, fatiga física y psíquica, crisis epilépticas y dolor. 

El ictus recurrente es el principal responsable de discapacidad y muerte después de un ictus. Así, la mortalidad pasa de un 20,1% a un 34,7% (incremento de un 73%) y la dependencia funcional de un 36,7% a un 51% (aumento del 39%), dependiendo de si se trata de un primer ictus o de un ictus recurrente. Las mujeres discapacitadas son cuidadas por sus hijas en un 37%, por otros parientes el 19,7%, por el marido el 15% y por un hijo un 6,3%. Los varones discapacitados, según el mismo informe, son cuidados por sus esposas en el 44,6% de los casos, por la hija en el 21,3% y por otros familiares en el 12%.  

 Costes y carga global de enfermedad (15) 

La carga global de enfermedad considera las consecuencias mortales y no mortales (discapacidad) provocadas por las enfermedades y lesiones. En este sentido el ictus ocupa el segundo lugar en cuanto a la carga de enfermedad en Europa (responsable del 6,8% de la pérdida de Años de Vida Ajustados por Discapacidad-AVAD), mientras que la enfermedad de Alzheimer y otras demencias ocupan el quinto lugar (3,0%) y los accidentes de tráfico el séptimo (2,5%). 

Los resultados del estudio «Global Burden of Disease 2002» de la OMS (en castellano, Carga Global de Enfermedad), indican que en la región europea de muy baja mortalidad (Euro-A), a la que pertenece España, de cada 100 AVAD perdidos por ictus, un 62,1% lo son por mortalidad (Años de Vida Perdidos-AVP) y un 37,9% lo son por mala salud (Años Vividos con Discapacidad-AVD). Del mismo modo, para todas las causas de enfermedad o lesión, el ictus supone un 6,9% de AVP (sobre el total) y un 2,4% de años vividos con discapacidad. 

Por otro lado, en España para el año 2000 las enfermedades cardiovasculares supusieron una gran carga de enfermedad, representando una pérdida total de 211.803 AVAD. Por subcategorías de enfermedad, destaca el peso de los AVAD perdidos por ictus (4,4% sobre el total), en cuarto lugar por debajo de la depresión unipolar (8,5% AVAD), las demencias (6,5% AVAD) y la cardiopatía isquémica (4,9% AVAD)
De cada 100 AVAD perdidos por ictus, un 69,7% lo fueron por mortalidad (AVP) y un 30,3% por mala salud (años vividos con discapacidad). En las mujeres, el peso del ictus como causa de pérdida de AVAD es mayor (4,8% sobre el total), ocupando el tercer lugar después de la depresión unipolar (12,1%) y las demencias (9,4%). En hombres, el peso en AVAD es algo inferior (4,0%), por detrás de enfermedades como la cardiopatía isquémica (6,1%), el abuso de alcohol (6,1%), la depresión unipolar (5,5%), los tumores malignos de la tráquea, bronquios y pulmón (5,2%) y otras. 

En términos de carga desde una perspectiva socioeconómica, entendiéndose como tal el coste de la enfermedad, se estima que el ictus consume entre el 3% y el 4% del gasto sanitario en los países de rentas elevadas, distribuyéndose el 76% de los costes sanitarios directos en el primer año tras el evento, concentrados mayoritariamente en costes hospitalarios. 

En estudios de costes del ictus, la inclusión de los costes indirectos, entendidos como tales aquellos asociados con la pérdida de producción de bienes y servicios que ocasiona una enfermedad, es un fenómeno relativamente reciente, en comparación con otras enfermedades neurodegenerativas, como por ejemplo la enfermedad de Alzheimer. La importancia de los costes directos no sanitarios (asistencia social y/o familiar) y de los costes indirectos (p. ej. debidos a la incapacidad o pérdida laboral) hace que, sobre todo en los últimos años, se haya visto incrementado el número de estudios desarrollados desde la perspectiva de la sociedad.  

De igual modo, la partida referida a los costes hospitalarios es la de mayor peso en relación a los costes directos sanitarios. En los años siguientes al evento, los costes directos sanitarios son menores, debido a los menores costes hospitalarios, ganando peso el resto de partidas, especialmente las referidas a la rehabilitación, la medicación, y las consultas externas. El trabajo realizado por Oliva et al.sobre los cuidados informales prestados a personas con dependencia a partir de la información contenida en la Encuesta sobre Discapacidades, Deficiencias y Estado de Salud (EDDES), del INE, identifica que casi 130.000 personas que han sufrido un ictus tienen una persona a su cuidado. Centrándose exclusivamente en aquellas personas cuidadas por otra persona que no recibe prestación monetaria alguna por sus servicios, se identifica a casi 115.000 cuidadores principales «informales»

Por lo que respecta a la distribución de las horas de cuidado, resulta interesante comprobar la fuerte carga asistencial que soporta el cuidador. En el caso del ictus, un 46% de los cuidadores prestan más de 60 horas semanales de cuidados, a los que podemos sumar otro 10% que presta entre 41 y 60 horas de cuidados semanales. 

La carga provocada por las enfermedades cerebrovasculares está aumentando rápidamente debido al envejecimiento de la población en Europa. Reducir la carga que representa el ictus en el individuo, la familia y la sociedad, supone un reto para los profesionales sanitarios, los sistemas de salud y la comunidad científica en general. Aunque la prevención primaria es crucial, y seguirá siendo la piedra angular de los esfuerzos para reducir la discapacidad global por ictus, existe demostración acumulada de que la mejora sistemática del manejo del ictus, incluida la rehabilitación, puede también reducir la mortalidad y la discapacidad por esta causa. 

En España se elabora y se publica en el Ministerio de Sanidad la Estrategia del Ictus del Sistema Nacional de Salud, aprobada por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud el 26 de noviembre de 2008 enmarcada dentro del Plan de Calidad del Sistema Nacional de Salud, entre cuyos objetivos se incluye mejorar la atención de los pacientes con enfermedades prevalentes de gran carga social y económica. 

El ictus tiene un gran impacto en nuestra sociedad. En España es actualmente la segunda causa de muerte en la población general y la primera causa de muerte en la mujer. Además supone la primera causa de discapacidad y genera un gasto muy elevado para los servicios sanitarios y sociales.

Está comprobado que una de las claves para el éxito en la atención del ictus es la rapidez con la que se detectan los síntomas iniciales y se contacta con los sistemas de emergencias médicas para comenzar a actuar con la mayor celeridad posible y acortar el tiempo que transcurre desde que el paciente sufre un ictus hasta que se toman las medidas adecuadas en cada caso. La Estrategia en Ictus del Sistema Nacional de Salud trata estos y otros temas, proponiendo una serie de objetivos que pretenden mejorar cada uno de ellos, siempre mediante el esfuerzo y compromiso de las comunidades autónomas y del Ministerio de Sanidad y Consumo. 

El ictus supone una de las primeras causas de mortalidad en el mundo occidental y la primera causa en incapacidad y coste económico. Su repercusión en el seno de las familias, en el campo profesional y laboral, y en el terreno de lo social es enorme, produciendo un gasto económico muy elevado para todos los servicios sanitarios, y mayor aún si se extiende a los servicios sociales. A lo largo de la historia de la medicina, todas las denominaciones con las que se han conocido este proceso clínico-patológico, han estado asociadas a una connotación de mal pronóstico y de imposibilidad de recuperación. Sin embargo, en las dos últimas décadas se ha producido un cambio espectacular en las acciones de prevención, pero, sobre todo, en cómo debe realizarse el manejo de los pacientes, lo que ha llevado a una marcada disminución de la mortalidad y las secuelas. Por ello, el ictus, hoy día, representa también y sobre todo un parámetro del funcionamiento de un servicio sanitario, y las bajas tasas de su mortalidad y morbilidad aguda suponen un indicador de calidad en la atención sanitaria. Hace algo más de una década que la Oficina Regional Europea de la OMS, junto con organismos científico-técnicos, estableció unos objetivos de mejora en la atención sanitaria del ictus en Europa, que se han ido renovando, y han supuesto el marco referencial de los centros que atienden a este tipo de pacientes. Conseguir que la asistencia sanitaria del ictus sea más eficaz, incrementar estándares y plantearse retos de mejora, no solo supone mejores perspectivas en el pronóstico de los pacientes con repercusiones importantes en enfermos de otras patologías, sino que supone una disminución del coste sanitario, porque las inversiones en este proceso patológico suponen un ahorro económico en estancias sanitaria, en coste económico sobre la dependencia y en definitiva en coste social. 

JUSTIFICACIÓN (15) 

Las enfermedades cerebrovasculares (ECV) son todas aquellas alteraciones encefálicas secundarias a un trastorno vascular. Su manifestación aguda se conoce con el término ictus —que en latín significa «golpe»— porque su presentación suele ser súbita y violenta. Existe común acuerdo en evitar términos más confusos o menos explícitos, como «accidente vascular cerebral» o similares, y optar por el término ictus en analogía con el uso del vocablo «stroke» en inglés. El término ictus une a la naturaleza cerebrovascular la connotación del carácter agudo del episodio. 

El ictus es un problema de salud pública de primer orden. 

En los países desarrollados es una de las primeras causas de muerte, junto con la enfermedad cardiovascular y el cáncer. Además, el ictus es la primera causa de discapacidad permanente en la edad adulta. Muchos de los pacientes que sobreviven sufren secuelas importantes que les limitan en sus actividades de la vida diaria. Su morbimortalidad no sólo ocasiona sufrimiento a los pacientes y a sus familiares, sino que además lastra gravemente la economía de la sociedad. 

CONCEPTO Y CLASIFICACIÓN DEL ICTUS (17) 

El ictus es definido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un deterioro neurológico focal o global, de inicio brusco, que dura más de 24 horas o que causa la muerte y del que se sospecha un origen vascular. El ictus o enfermedad cerebrovascular es un término genérico que incluye lesiones isquémicas y hemorrágicas. La CIE-10 (Décima Revisión de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud) clasifica las enfermedades cerebrovasculares dentro de varias categorías y subcategorías entre las que se encuentran diferentes tipos de hemorragias cerebrales, oclusión y estenosis de las arterias cerebrales y precerebrales –productoras y no productoras de infarto cerebral−, así como accidente vascular encefálico agudo sin especificar el origen, ya sea tanto hemorrágico como isquémico. Debido a la heterogeneidad de definiciones y clasificaciones referidas a la enfermedad cerebrovascular, en este informe se adoptará la clasificación expuesta en la guía sobre ictus de más reciente publicación, elaborada dentro del programa de Guías de Práctica Clínica del Sistema Nacional de Salud. La Guía de práctica clínica para el manejo de pacientes con ictus en atención primaria, publicada en 2009, define el ictus o enfermedad cerebrovascular aguda como un déficit transitorio o definitivo del funcionamiento de una o varias áreas del encéfalo producido por una alteración de la circulación cerebral. 

La alteración primaria que se produce en el sistema vascular permite diferenciar dos tipos de ictus: isquémico −cuando se produce una interrupción del flujo sanguíneo− o hemorrágico −producido por una rotura de un vaso sanguíneo−. Más del 80 % de los casos de ictus son isquémicos. Se define el ictus isquémico como un episodio de déficit encefálico focal que aparece como consecuencia de una alteración circulatoria en una zona del parénquima encefálico. Durante todo el proceso de la enfermedad, desde el inicio de los primeros síntomas hasta que se instaura el tratamiento y en el seguimiento de los pacientes, se utilizan varias escalas para evaluar la severidad del ictus, respuesta al tratamiento, progresión de la enfermedad y pronóstico. 
A continuación se describen las escalas utilizadas con más frecuencia en las diferentes etapas de la enfermedad:  
 • NIHSS: National Institute of Health Stroke Scale. Es la escala más utilizada para valorar la severidad del ictus. Valora las funciones neurológicas básicas, tanto al inicio como durante su evolución. Está constituida por 11 ítems que permiten explorar de forma rápida las funciones corticales, pares craneales superiores, función motora, sensibilidad, coordinación y lenguaje. 

• La NIHSS clasifica la gravedad del ictus en una escala de 0 a 42 (0: sin déficit; 1: déficit mínimo; 2 – 5: leve; 6 – 15: moderado; 15 – 20: déficit importante; > 20: grave). Se considera empeoramiento neurológico cuando se produce un aumento de al menos 4 puntos respecto al estado basal. Los pacientes con una puntuación entre 4 y 25 podrían ser los más beneficiados de un tratamiento trombolítico.  

• TIBI: Thrombolysis in Brain Ischemia. Consiste en un sistema de gradación para el flujo residual que usa la ultrasonografía doppler transcraneal (DTC) para medir la señal de flujo sanguíneo en la arteria cerebral media o en la arteria basilar. Esta escala es utilizada en la fase aguda del ictus para valorar el flujo residual después del tratamiento con rt-PA. Se describen seis grados:
 • Grado 0: ausente. 
• Grado 1: mínimo. 
• Grado 2: amortiguado. 
• Grado 3: apagado. 
• Grado 4: estenótico. 
• Grado 5: normal. 

El grado 0 y 1 (ausente o mínimo cambio) indica la ausencia de cambios en la recanalización tras tratamiento, lo que indica una oclusión arterial completa; el grado 2-3 identifica la recanalización parcial, con signos de alteración o anormalidad tras tratamiento y el grado 4 o 5 ofrece una baja resistencia circulatoria distal y se correlacionan con ausencia de obstrucción al flujo.

  • mRS: modified Rankin Scale. Es una escala que califica la discapacidad de los pacientes, con puntuaciones comprendidas entre 0 y 5. Se utiliza una puntuación de 6 para los pacientes que fallecen. A continuación se describen las características de cada grado: 
o Grado 0: ausencia de síntomas. 
o Grado 1: discapacidad no significativa a pesar de los síntomas. El paciente es capaz de llevar a cabo todas las tareas y actividades habituales.
 o Grado 2: discapacidad ligera. El paciente es incapaz de llevar a cabo todas las actividades anteriores, pero capaz de cuidar de los asuntos propios sin ayuda. 
o Grado 3: discapacidad moderada. El paciente requiere ayuda, pero es capaz de caminar sin asistencia. 
o Grado 4: discapacidad moderadamente grave. El paciente no puede caminar ni atender - 34 - satisfactoriamente sus necesidades corporales sin ayuda. 
o Grado 5: discapacidad severa, confinamiento en la cama, incontinencia y requerimiento de cuidados y atenciones constantes. 
o Grado 6: exitus.

• Índice Barthel: cuestionario utilizado para valorar la independencia de los pacientes y su capacidad para realizar actividades básicas de la vida cotidiana. Utiliza 10 ítems, clasificados según el modelo de la escala de Likert, con un rango de valores entre 0 (dependencia total) y 100 (independencia). 

La discapacidad y mortalidad asociada al ictus, junto a la prevalencia de esta enfermedad, condicionan un considerable impacto en la población y una importante carga global de la enfermedad. Del análisis de los datos de la estimación de la carga global y regional de ictus entre los años 1990 y 2010 se dedujo que, aunque la tasa de mortalidad estandarizada por edad debida a ictus ha descendido a nivel mundial en las pasadas dos décadas, el número absoluto de personas que padecen un ictus cada año, los supervivientes de ictus, las muertes relacionadas y la carga global de esta enfermedad (AVAD perdidos) han aumentado. Según los datos aportados en el informe de la OMS Global Status Report on Noncommunicable Diseases 2014, en el año 2012 el número de fallecimientos causados por ictus se estimó en 6,7 millones en todo el mundo, siendo una de las tres principales causas de años de vida perdidos por mortalidad prematura a nivel mundial. En España, la enfermedad cerebrovascular ocasionó 1 049 679 estancias hospitalarias en el año 2014 y 27 579 casos de fallecimiento, con una tasa de morbilidad hospitalaria de 220/100000 habitantes y una tasa de mortalidad de 59,367/100000 (Fuente: Instituto Nacional de Estadística, consultado el 01/08/2016). 

TRATAMIENTO(15) 

El tratamiento del ictus comienza con el reconocimiento de que se trata de una emergencia neurológica, incluso aunque los síntomas sean ligeros o transitorios. Su pronóstico dependerá, en gran parte, de una serie de medidas destinadas a reducir al máximo la lesión cerebral. El tiempo es crítico ya que la ventana terapéutica puede ser muy estrecha; por ello, una adecuada actuación en las primeras horas es fundamental para salvar tejido cerebral. Los objetivos primordiales del tratamiento en la fase aguda del ictus son, preservar la integridad de las neuronas que aún no presentan daño irreversible (área de penumbra) y prevenir o resolver posibles complicaciones. La asistencia integrada del paciente con ictus se denomina cadena asistencial del ictus. La atención sanitaria al ictus se presta por medio de una red integrada que agrupa diferentes niveles asistenciales repartidos por todo el territorio. Para que los criterios de planificación territorial sean eficaces asegurando la equidad de la prestación sanitaria, debe permitirse el desplazamiento de los pacientes al centro adecuado y en el tiempo indicado según los diferentes procesos nosológicos. Estas unidades han de entenderse no sólo como un espacio físico hospitalario donde se ingresan los pacientes con ictus. Las unidades son también una estructura que participa y coordina todo tipo de acciones que pueden interesar al paciente con ictus: aplicación de las guías de práctica clínica recomendadas actualmente, programas de rehabilitación física y psíquica, la educación sanitaria a familiares y pacientes e investigación. Por tanto, el manejo del ictus debe ser visto como una cadena de medidas consecutivas, todas ellas importantes, que nos permiten asegurar que el paciente reciba una atención apropiada, rápida y eficiente. La mayoría de las CC.AA., consideran el ictus como un problema prioritario relacionado con la salud de la población, por lo que se han estado desarrollando o se tiene previsto desarrollar programas de atención al paciente con ictus. De las 17 CC.AA. ,10 consideran el ictus como un área prioritaria de intervención en salud en su comunidad, contando con un plan de actuación en 7 de ellas. Cuentan con un organismo responsable de la planificación y/o evaluación en ictus 8 CC.AA., con un consejo asesor para ictus 5, y con reglamentación autonómica en tan solo 2 de ellas (Cataluña y el País Vasco). En 11 CC.AA., se han desarrollado protocolos, guías de práctica clínica y/o vías clínicas para la atención al ictus. En 15, el ictus es una indicación de urgencia de alta prioridad en los servicios de emergencia de la comunidad y es un criterio de transporte inmediato y medicalizado. Existen protocolos de fibrinolisis en los hospitales de 14 CC.AA. Cuentan con unidades de ictus en los hospitales en 10 de las comunidades y con equipos multidisciplinarios en 11.

CONTINUIDAD DE CUIDADOS (15) 

En relación con los cuidados al alta, el 61% tiene algún programa de informe de alta de enfermería que establece los cuidados en el domicilio. Se contempla la hospitalización domiciliaria tras el ictus en el 31%. Cataluña y País Vasco cuentan con un programa de seguimiento de los pacientes que han sufrido un ictus y Andalucía con un protocolo de seguimiento. En 8 de las CC.AA., se cuenta con actividades definidas de apoyo al paciente y a la familia. La provisión de unos cuidados continuados después del alta hospitalaria por parte del personal de enfermería entrenado y especializado en ictus, principalmente las técnicas educativa y de apoyo, produce beneficios tangibles para los pacientes y los cuidadores.

REHABILITACIÓN EN EL ICTUS (15,18)

 La rehabilitación es un proceso complejo. Además del propio paciente y su familia, en la rehabilitación participa un equipo multidisciplinario que puede estar integrado por médicos especialistas en rehabilitación, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, logopedas, neuropsicólogos, personal de enfermería y trabajadores sociales. Los programas de rehabilitación son más efectivos cuando se llevan a cabo en una fase precoz. La rehabilitación tardía es la que se realiza cuando la mayor parte de los déficit se han estabilizado y tienen como objetivo mantener la funcionalidad recuperada, continuar el proceso de adaptación y mejorar la realización de las AVD. La percepción de salud entre las personas con secuelas por ictus a los dos años del ictus es menor que la población general. Los factores que determinan una menor calidad de vida son la depresión, la dependencia de tercera persona en las áreas de función motora y la necesidad de ayuda social. Por ello, una vez superada la - 36 - fase de recuperación ha de ganar en protagonismo la asistencia social. Más de la mitad de los pacientes que sufren un ictus en los países occidentales son mayores de 75 años 144, y sólo un quinto de estos pacientes son menores de 65 años. Por tanto el 80% de los ictus se dan, en nuestro entorno, en pacientes mayores, y concretamente más del 50% en pacientes frágiles (> 75 años). La rehabilitación es un proceso limitado en el tiempo y orientado por objetivos, que pretende prevenir complicaciones, minimizar el déficit y conseguir la máxima capacidad funcional posible en cada caso, para facilitar la autonomía personal y la reintegración familiar y sociolaboral. La rehabilitación ha de ser precoz para optimizar la asistencia, así como coordinada y continua a lo largo de las diferentes fases y ámbitos de atención. Los pacientes con discapacidad por ictus han de tener acceso a un equipo multidisciplinario de rehabilitación que aborde el conjunto de áreas afectas. Este equipo lo pueden integrar médicos especialistas en rehabilitación, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, logopedas, neuropsicólogos, personal de enfermería y trabajadores sociales. La valoración ha de incluir las áreas motoras, perceptivas sensitivas y visuales, la capacidad de lenguaje, aspectos cognitivos y emocionales. Es esencial estimar los objetivos funcionales para cada paciente y programar las intervenciones adecuadas de tratamiento que sean relevantes y eficaces en coherencia con dichos objetivos. El proceso de recuperación ha ser reevaluado periódicamente y si es preciso reajustado a nuevas situaciones. La rehabilitación es un proceso educativo que implica a los pacientes, familiares y/o cuidadores en la toma de decisiones, aceptación social y mantenimiento de las ganancias obtenidas con el tratamiento. El equipo de rehabilitación debe conocer y utilizar los recursos comunitarios y socio sanitarios del área en la que trabaja para la pronta reintegración del paciente. El ictus es la principal causa de discapacidad grave en adultos. Los ictus provocan gran variedad de déficit y discapacidad. La AHA-SOC (American Heart AssociationStroke Outcome Classification) sistematiza los déficit neurológicos provocados por ictus en seis áreas: motora, sensitiva, visual, de lenguaje o comunicación, cognitiva o intelectual y emocional. El periodo de tiempo en el que tiene lugar la recuperación y el grado de la misma están claramente relacionados con la gravedad inicial del ictus: a mayor gravedad inicial, menor recuperación y más lenta.

AFECTACIÓN COGNITIVA (18) 

 Es muy probable que determinados cambios en las funciones cognitivas estén presentes, en cierta medida, en todos los pacientes que han sufrido un ictus. Estos cambios pueden ser generales (enlentecimiento en el procesamiento de la información), o específicos de algunas áreas (orientación, atención, memoria, flexibilidad mental, planificación y organización). - 37 - El deterioro cognitivo y la demencia vascular son conceptos en constante evolución, que plantean numerosos problemas en relación con la terminología. Actualmente se tiende a considerar el término deterioro cognitivo vascular como una categoría que incluye todos los síndromes y enfermedades caracterizados por un deterioro cognitivo de etiología cerebrovascular. Bajo este término se englobarían los siguientes: 
- Déficit cognitivo vascular, sin demencia 
- Demencia vascular 
 - Enfermedad de Alzheimer junto con enfermedad cerebrovascular (Alzheimer previo empeorado por un ictus) 
El Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-IV) define la demencia como una pérdida de la capacidad intelectual que provoca un deterioro significativo de la actividad laboral o social, y representa una merma importante del nivel previo de actividad, siempre acompañado de deterioro de la memoria y al menos uno de los siguientes: afasia, apraxia, agnosia o alteración de la actividad constructiva (planificación, organización, secuenciación y abstracción). Son muchos los autores que consideran que esta definición no es apropiada, dada la importancia que se le otorga al deterioro de la memoria, y se proponen nuevas definiciones que enfatizan más la pérdida funcional y la alteración de la actividad constructiva. Por otra parte, aunque no existen criterios de consenso para definir los déficits cognitivos vasculares sin demencia de manera sencilla, se pueden considerar bajo esta categoría todos los déficits cognitivos de origen vascular que no cumplen los criterios de demencia. Debido a la disparidad en los criterios definitorios entre estudios es difícil saber cual es la verdadera incidencia y prevalencia del deterioro cognitivo. En un estudio descriptivo, la prevalencia de deterioro cognitivo tras un ictus, definido como una puntuación en el Mini Mental State Examination (MMSE) por debajo de 24, fue del 39% a los tres meses y entre el 32-35% en sucesivas valoraciones hasta los 3 años. Otros autores han encontrado prevalencias de deterioro cognitivo por encima del 50%. En general, se admite que puede existir una infraestimación del deterioro cognitivo ya que en muchos estudios se equipara con la demencia, cuando el deterioro cognitivo sin demencia parece ser más prevalente. Puede que hasta dos tercios de los pacientes que han sufrido un ictus presenten alteraciones cognitivas, y que aproximadamente un tercio desarrolle demencia. Mientras que en algunos pacientes el deterioro cognitivo irá en progresión, se considera que entre un 16-20% de los pacientes experimentará mejoría, sobre todo en los primeros meses tras el ictus. Dada la elevada prevalencia del deterioro cognitivo, es recomendable realizar una valoración de las funciones cognitivas de manera rutinaria, a todos los pacientes que han sufrido un ictus. Se pueden utilizar herramientas de medida simples, como el MMSE, test de concentración, memoria u orientación. Si un paciente en rehabilitación no progresa como se esperaba, puede que un deterioro cognitivo no detectado sea el responsable de esta falta de progreso, por lo que el paciente quizás debiera ser sometido a una valoración de las funciones cognitivas más detallada. Es difícil elegir una herramienta de cribado, ya que no existe un “gold standard” ni para el diagnóstico de demencia vascular ni para el diagnóstico de deterioro cognitivo. El MMSE ha sido ampliamente utilizado y se ha recomendado como test inicial en el diagnóstico de demencia en aquellos individuos en los que se sospecha deterioro cognitivo, aunque en la actualidad están disponibles otras herramientas como el General Practitioner Assessment of Cognition(GPCOG), el test del dibujo del reloj (específico para praxis y funciones ejecutivas), 7-minute screen o el 6 item Cognitive Impairment Test, entre otros.

REHABILITACIÓN COGNITIVA (18) 

La rehabilitación cognitiva hace referencia a “los procesos terapéuticos utilizados con el fin de incrementar o mejorar la capacidad individual del sujeto para procesar y usar información entrante, así como para permitir un funcionamiento adecuado en su vida diaria". Cada intervención específica puede incluir varios enfoques: 

 Reforzar, fortalecer o reestablecer patrones de conducta aprendidos previamente.
  Establecer nuevos patrones de actividad cognitiva a través de mecanismos cognitivos compensatorios para los sistemas neurológicos deteriorados.
  Establecer nuevos patrones de actividad a través de mecanismos compensatorios externos como ortosis externas o estructuras y apoyo del entorno.
  Capacitar a las personas a adaptarse a su discapacidad incluso en los casos en los que no sea posible compensar el deterioro cognitivo. 

La rehabilitación cognitiva puede estar dirigida a la mejora de diferentes áreas de la cognición como la atención, memoria, comunicación, comprensión, razonamiento, resolución de problemas, juicio y planificación, entre otras. Según los resultados de una RS la rehabilitación cognitiva es beneficiosa en el caso de pacientes que han sufrido un ictus o un traumatismo craneoencefálico, aunque en ocasiones la mejoría observada es pequeña y muy específica para algunas tareas concretas. Para pacientes que han sufrido un ictus, las estrategias de entrenamiento para compensar los déficits de atención durante la fase postaguda de la rehabilitación son efectivas. También se ha mostrado eficaz el entrenamiento para la resolución de problemas y técnicas de entrenamiento para la negligencia espacial. Aunque los beneficios de algunas intervenciones concretas son específicos para pacientes con traumatismo craneoencefálico (uso de notas y otras ayudas externas, técnicas de entrenamiento compensatorio para pacientes con déficits de memoria), los autores consideran extensibles los resultados a la población con ictus. Una actualización posterior de esta revisión, halló nueva evidencia que apoyaba el uso de estrategias de rehabilitación cognitiva en pacientes con negligencia espacial tras un ictus, con déficits de atención y/o memoria tras traumatismo craneoencefálico y estrategias para la resolución de problemas en ambos grupos de pacientes. Según esta RS la apraxia puede ser tratada de manera eficaz mediante rehabilitación cognitiva y así mejorar la independencia de los pacientes para las AVD. Para los déficits de memoria graves es beneficioso el uso de dispositivos externos (agendas, diarios, alarmas). Los autores concluyen que en general la rehabilitación cognitiva produce un beneficio significativo en comparación con otros tratamientos alternativos. 

En otra RS se valoró la utilidad de la rehabilitación y el entrenamiento cognitivo en pacientes con enfermedad de Alzheimer y demencia vascular en estadios iniciales. Los estudios no mostraron ninguna diferencia entre el entrenamiento cognitivo y las medidas de comparación utilizadas para ninguno de los desenlaces que se estudiaron, aunque los autores recomiendan tomarse con cautela estos resultados dado el escaso número de estudios y las limitaciones metodológicas de éstos. Por otro lado, en la RS no se identificó ningún ECA sobre rehabilitación cognitiva en pacientes con demencia de tipo vascular. Tres revisiones de la Cochrane se han ocupado de estudiar la utilidad de la rehabilitación cognitiva en pacientes que han sufrido un ictus, para los déficits de memoria, déficits de atención, y negligencia espacial. Con respecto a los déficits de memoria, en la RS se consideró rehabilitación cognitiva todos aquellos intentos de mejorar la memoria mediante educación por repetición y práctica, uso de ayudas de memoria (internas, externas o ambas) o mediante la enseñanza de estrategias para manejar los problemas de memoria. Ninguno de los dos ECAs incluidos en la RS encontró un efecto inmediato o a largo plazo en las medidas de memoria objetivas, subjetivas o en las calificadas por el observador. En cuanto a la efectividad de la rehabilitación cognitiva en los déficits de atención, la RS concluyó que a pesar de que los dos estudios incluidos en la revisión mostraron una mejora en el estado de alerta y en la atención tras el entrenamiento, esta evidencia no es suficiente para apoyar ni rechazar el entrenamiento rutinario como medida para mejorar los déficits de atención. Tras la rehabilitación dirigida específicamente a la negligencia espacial, los pacientes mejoran su habilidad para completar test estandarizados para medir la negligencia. Sin embargo, no está claro si estas intervenciones ejercen alguna influencia en la independencia o mejora de las actividades diarias de los paciente.

Resumen de la evidencia (Según clasificación de niveles de evidencia y grados de recomendación de SIGN) (18) 

- (3) Hasta dos tercios de los pacientes que han sufrido un ictus presentarán deterioro cognitivo, y aproximadamente un tercio desarrollará demencia.
 - (4) La evaluación de las funciones cognitivas se considera parte integrante de la valoración general que debe hacerse a aquellos pacientes que han sufrido un ictus.
 -(1++/1+/2+/3)La rehabilitación cognitiva tras un ictus mejora algunas tareas concretas, si bien no hay suficiente evidencia que esto se traduzca en una mejoría funcional de los pacientes 

Recomendaciones (18) 
- (D) Se recomienda realizar una valoración de las funciones cognitivas a todos los pacientes que han sufrido un ictus 
- Se recomienda la valoración por un especialista cuando se detecte un deterioro cognitivo que interfiera con la rehabilitación o la vida diaria del paciente 


Para saber más.
(1) Rafael Jiménez Rodríguez
(2) Linda Roberts, Un tiempo para ti. Vergara & Riba Editoras, 2006
(3) Victor Frankl, El hombre en busca de sentido, 1946,
(4) Daniel Goleman, El punto ciego, 1997.
(5) Mario Alonso Puig, Vivir es un Asunto Urgente, 2008.
(6) William Ernest Henley, Libro de Poemas, 1881.
(7) Daniel Goleman, Inteligencia Emocional, 1997.
(8) Rubinstein at 90 https://www.youtube.com/watch?v=To4Ndog4-NA
(9) Antoine de Saint-Exupéry El Principito , 1943.
(10)Bécquer. Rimas y Leyenda, 1858.
(11) Nassim Nicholas Taleb, El cisne negro, 2007.
(12) Elvira Sastre, Poemario Baluarte,2014.
(13) Antonio Damasio, El error de Descartes, 2011.
(14) Joaquín M. Fuster, Cerebro y Libertad, 2014.
(15) Estrategia en Ictus del Sistema Nacional de Salud. Sanidad 2009. Ministerio de Sanidad y Política Social.
(16) Informe anual del Sistema Nacional de Salud 2016.
(17) Evaluación de la eficacia, efectividad y seguridad de la ultrasonografía doppler transcraneal en pacientes con ictus isquémico agudo. Informe de Evaluación de Tecnologías Sanitarias. AETSA. 2016.
(18) Guía de Práctica Clínica para el Manejo de Pacientes con Ictus en Atención Primaria. Guía de Práctica Clínica en el SNS. Ministerio de Sanidad y Política Social. 2009. 
(19) Estrategia para el Abordaje de la Cronicidad en el Sistema Nacional de Salud. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. 2012.


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Y en el silencio recordarás lo que tu alma ya sabe.

"¿Hay quizás universidades que nos preparen para la vida que viene y sus demandas a la manera que las universidades ordinarias introducen a nuestra gente joven a un conocimiento del mundo?No. En conciencia impreparados  nos embarcamos en la segunda mitad de la vida; peor aún, la tomamos con la asunción falsa  de que nuestras verdades e ideales nos serviran como hasta ahora. Pero no podemos vivir la tarde según el programa de la mañana; lo que fue importante  por la mañana será minúsculo en la tarde, y lo que por la mañana fue verdad se convertirá en una mentira..."     Esta frase fue escrita por Carl Gustav Jung,  (1875-1961), y me parece de una profundidad asombrosa. En los próximos días iré desgranando varios aspectos que contempla.     Hoy, sólo la voy a enfocar desde un matiz porque hoy, en un corto espacio de tiempo me he encontrado por la calle ( que es donde ocurre la vida), dos ejemplos de creatividad y hacer lo que te gusta...de ese cambi...

Inteligencia emocional de Goleman. Mi pasaje favorito.

"Un compositor describió así los momentos en los que mejor trabajaba: Usted se encuentra en un estado estático en el que siente como si casi no existiera. Así es como lo he experimentado yo en numerosas ocasiones. En esos casos, mis manos parecen vacías de mí y yo no tengo nada que ver con lo que ocurre sino que simplemente contemplo maravillado y respetuoso todo lo que sucede. Y eso es algo que fluye por sí mismo. Esta descripción se asemeja sorprendentemente a la de cientos de hombres y mujeres cuando hablan de una época en la que se superaron a sí mismos en alguna de sus actividades favoritas. La capacidad de entrar en ese estado de "flujo" es el mejor ejemplo de la inteligencia emocional, un estado en el que tal vez se presente el grado superior de control de las emociones al servicio del rendimiento y del aprendizaje. En ese estado las emociones no se ven reprimidas ni canalizadas sino que, por el contrario, se ven activadas, positivadas y alineadas con la tarea ...

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