Estamos padeciendo una crisis
financiera, y sabemos que nos va a influir en la Sanidad tarde o temprano. Citando
a Freire: “Cuando tocan vacas flacas las desigualdades entre los que tienen
(dinero, poder, información, etc.) y los que no tienen se hagan más conspicuas
e irritantes. Pero es precisamente en estos momentos donde más difícil es
evitar que los poderosos se escaqueen del esfuerzo colectivo. Algunos lo dan
por bueno, con tal de cambiar de Consejero; es como decía Washington Irwin:
cuando el viaje es largo en la diligencia, es conveniente cambiar el culo de
posición, aunque sea para repartir la molestia y probar algo nuevo”. Esto me
preocupa. El Estado tiene responsabilidad directa sobre la salud, tanto del
individuo como de la colectividad porque es el encargado de decir las leyes, la
cartera de servicios, de repartir los presupuestos y tiene que controlar y
regular que el sistema funcione bien. Me preocupa la influencia de la política
en el sistema sanitario, porque pareciera que hoy es suficiente con cambiar “el
culo de posición” o cambiar al “que se va a sentar “. Y eso no arregla el
problema.
Vuelvo a parafrasear a Freire:”¿Qué
explica realmente este histórico desentendimiento de la política institucional,
es decir, de los sucesivos y respectivos gobiernos, con respecto a las
necesidades y a la sostenibilidad del SNS?. Creemos que, entre las muchas
razones que podrían justificar este hecho, existen al menos cuatro que
consideramos más relevantes:
-La primera, que ni el gobierno central ni las comunidades autónomas han percibido, ni fundamentado la sanidad pública como un sistema nacional, sino como un conjunto heterogéneo de instituciones y servicios bajo diferentes responsabilidades políticas. El resultado lo podemos constatar en el déficit institucional de coordinación sanitaria y cohesión social.
-La segunda razón para explicar el desinterés y miopía política por la sanidad tiene que ver con los propios agentes internos del sistema. Políticos, gestores, profesionales y agentes sociales no han conseguido alinear, de forma co-responsable, estrategias de política sanitaria comunes y desplegar procesos reformistas imprescindibles en clave de sostenibilidad.
-La tercera razón que explica el inmovilismo perpetuo y la falta de voluntad política en reformar el SNS es, naturalmente, el extraordinario interés de lo que eufemísticamente denominamos las fuerzas del mercado en que el sistema siga siendo como es. Nadie parece desea perturbar el benevolente equilibrio de distribución de privilegios, de ineficiente estabilidad y de mantenimiento del status-quo económico en el sector. Además, la relación entre industria, intermediación agencial y política ha llegado a ser virtuosamente confortable, más allá de los intereses generales del propio sistema sanitario público.
-Por último, la cuarta consideración que justificaría la parálisis reformista del sistema sanitario obedece a la pasividad y “laisser fair” de las élites (altos funcionarios/jueces/banqueros/periodistas/etc...) ante el deterioro del SNS, al cubrir estos colectivos desde una posición de privilegio sus necesidades de servicios sanitarios a través de las “válvulas de escape” de un sistema abierto”.
-La primera, que ni el gobierno central ni las comunidades autónomas han percibido, ni fundamentado la sanidad pública como un sistema nacional, sino como un conjunto heterogéneo de instituciones y servicios bajo diferentes responsabilidades políticas. El resultado lo podemos constatar en el déficit institucional de coordinación sanitaria y cohesión social.
-La segunda razón para explicar el desinterés y miopía política por la sanidad tiene que ver con los propios agentes internos del sistema. Políticos, gestores, profesionales y agentes sociales no han conseguido alinear, de forma co-responsable, estrategias de política sanitaria comunes y desplegar procesos reformistas imprescindibles en clave de sostenibilidad.
-La tercera razón que explica el inmovilismo perpetuo y la falta de voluntad política en reformar el SNS es, naturalmente, el extraordinario interés de lo que eufemísticamente denominamos las fuerzas del mercado en que el sistema siga siendo como es. Nadie parece desea perturbar el benevolente equilibrio de distribución de privilegios, de ineficiente estabilidad y de mantenimiento del status-quo económico en el sector. Además, la relación entre industria, intermediación agencial y política ha llegado a ser virtuosamente confortable, más allá de los intereses generales del propio sistema sanitario público.
-Por último, la cuarta consideración que justificaría la parálisis reformista del sistema sanitario obedece a la pasividad y “laisser fair” de las élites (altos funcionarios/jueces/banqueros/periodistas/etc...) ante el deterioro del SNS, al cubrir estos colectivos desde una posición de privilegio sus necesidades de servicios sanitarios a través de las “válvulas de escape” de un sistema abierto”.
Creo que hay que rediseñar los
órganos de gobierno y sus funciones, y para ésto, el profesional sanitario debe
estar ahí, al lado del político presentándole las necesidades de salud de la
población, las desigualdades, recordándole los determinantes de la salud que ya
conocemos. Debemos hacerle ver los gastos sanitarios y los resultados en salud
de la población, y enseñarle con gráficos si es necesario cómo está cambiando
la demografía en nuestro país correlacionándolos con las enfermedades y los
problemas de salud que esto acarrea, y lo que a ellos más les interesa,
números. En 10 años, 1 de cada 10 españoles tendrá más de 65 años, 6 de cada 10
españoles padecerá una enfermedad crónica, los recursos sanitarios no serán
suficientes, faltarán entre 15000-20000 médicos, los costes de los tratamientos
se dispararán, más del 50% del gasto público de las CCAA se destinará a sanidad,
el déficit de financiación del sistema sanitario crecerá consecuencia de la
brecha entre crecimiento del gasto sanitario y PIB.
Dr. Zeta
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