Decía Joaquín Fuster, doctor en filosofía y medicina, profesor de neurociencia cognitiva pionero en la década de 1950 en el campo de la neurofisiología de la cognición, en su libro que "a veces pensaba que escribir sobre ese tema le venía grande", porque había detectado sonrisas de colegas al enterarse de lo que quería escribir. Pero hubo quienes valoraron en lo que creía y le habían escuchado y apoyado.
Enric Ríes se cansó de esas sonrisas y empezó a escribir a cualquiera que quisiera escuchar.
Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas;
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de donde estaba.
Cayó sobre mi espíritu la noche;
en ira y en piedad se anegó el alma…
¡y entonces comprendí por qué se llora,
y entonces comprendí por qué se mata!
Pasó la nube de dolor… Con pena
logré balbucear breves palabras…
¿Quién me dio la noticia?… Un fiel amigo…
¡Me hacía un gran favor!… Le di las gracias.
Hobbes decía que si no hay fuerza ni coacción, los individuos son capaces de tomar decisiones que concuerden con sus deseos. Siempre creí que la amistad era de las cosas más sagradas del mundo. A veces, por evitar que se enturbie más por tener que defender en lo que crees, es mejor dejarlas ganar. Puede que no esté de acuerdo con tu opinión, pero si que defenderé con mi vida vuestro derecho a expresarla.
Es la primera vez que bloqueo a alguien y voy en contra de todo lo que creo al hacerlo. Que Dios me perdone.
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