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La poesía está en todas partes

Si pudiésemos mirar en el corazón del otro y entender los desafíos a los que cada uno se enfrenta a diario, creo que nos trataríamos los unos a los otros con más genileza, paciencia, tolerancia y cuidado. 

En medicina, todo el mundo conoce a Cochrane. Lo conocemos porque es el padre de la famosa “Medicina Basada en la Evidencia”. Así que hablando de evidencias, dejo aquí lo que él mismo escribió en su libro Efectividad y Eficiencia (1971): 
"Tenía un joven prisionero de guerra soviético que se estaba muriendo y padecía mucho dolor. Estaba haciendo un ruido espantoso en un pabellón muy grande. Yo no tenía ni medicamentos ni ningún lugar aislado para él. Nadie era capaz de hablar el ruso. Desesperado, y de manera puramente instintiva, me senté en su cama y le tome en mis brazos. El efecto fue casi mágico, pues calló de golpe y murió pacíficamente unas horas más tarde. Yo aún me encontraba con él, medio dormido y muy tieso. 
Creo que mi intervención personal mejoró enormemente la calidad asistencial en este caso, y sé que estuvo 
basada en el instinto y no en la razón. Me siento más bien tímido a la hora de discutir racionalmente acerca de la calidad. Todos somos capaces de reconocer la calidad cuando la observamos y, de manera particular cuando nos beneficiamos de la misma. En la curación, los resultados juegan un papel importante a la hora de determinar la calidad, pero ciertamente no se trata de la historia completa. Los factores realmente importantes son la amabilidad y la capacidad de comunicarse con el resto del equipo médico. En la asistencia está claro que estos dos últimos factores juegan un papel todavía mucho más importante".

Segûn Wikipedia, los latinos usaban el verbo mederi con el significado de cuidar, tratar una enfermedad o un mal. La palabra provenía del griego medomai, del mismo significado y ésta, a su vez, de la raíz indoeuropea med- ‘tomar medidas’. Mederi hominis (curar o medicar a una persona), decía Cicerón; mederi contra ictus serpentium (curar la mordedura de una víbora), expresaba Plinio. Los autores latinos también emplearon mederi en sentido figurado: mederi cupiditatis era para el poeta Terencio ‘curar las pasiones’, mientras que Julio César utilizó mederi iniopiæ rei frumentariæ con la denotación de ‘remediar la escasez de trigo’. Médico, en latín medicus, se formó a partir de mederi, igual que ars medica ‘el arte de curar’. 

La medicina (del latín medicina, derivado a su vez de mederi, que significa 'curar', 'medicar') es la ciencia 
dedicada al estudio de la vida, la salud, las enfermedades y la muerte del ser humano, e implica ejercer tal conocimiento técnico para el mantenimiento y recuperación de la salud, aplicándolo al diagnóstico, tratamiento y prevención de las enfermedades.
La medicina debe aspirar a ser honorable y dirigir su propia vida como profesional; ser moderada y prudente; ser asequible y económicamente sostenible; ser justa y equitativa; y a respetar las opciones y la dignidad de las personas.

Los valores elementales de la medicina contribuyen a preservar su integridad frente a las presiones políticas y sociales que defienden unos fines ajenos o anacrónicos. Los fines de la medicina son:
 -La prevención de enfermedades y lesiones y la promoción y la conservación de la salud; son valores centrales, la prevención porque es de sentido común que es preferible prevenir la enfermedad o daño a la salud, cuando ello sea posible. En la promoción; un propósito de la medicina es ayudar a la gente a vivir de manera más armónica con el medio, un objetivo que debe ser perseguido desde el inicio de la vida y hasta su final. 
 -El alivio del dolor y el sufrimiento causados por males.
El alivio del dolor y del sufrimiento se cuentan entre los deberes más esenciales del médico y constituye uno de los fines tradicionales de la medicina.
 -La atención y curación de los enfermos y los cuidados a los incurables.
La medicina responde buscando una causa de enfermedad, cuando esto resulta posible la medicina busca curar la enfermedad y restituir el estado de bienestar y normalidad funcional del paciente. El cuidado es la capacidad para conversar y para escuchar de una manera que esté también al tanto de los servicios sociales y redes de apoyo para ayudar a enfermos y familiares.
 -La evitación de la muerte prematura y la búsqueda de una muerte tranquila.
La medicina, en su contra la muerte, asume como una meta correcta y prioritaria disminuir las muertes prematuras, se trata de considerar como deber primario de la medicina contribuir a que los jóvenes lleguen a la vejez y, cuando ya se ha alcanzado a esa etapa, ayudar a que los ancianos vivan el resto de sus vidas en condiciones de bienestar y dignidad. 

Aliviar y consolar es con frecuencia lo único que podemos hacer por ayudar al enfermo, pero que no es poco. El hecho de que al enfermo no se le considere muerto antes de morir, que no se considere abandonado por su médico, que le visita, le escucha, le acompaña, le tranquiliza y conforta, le da la mano y 
es capaz de transmitirle esperanza y confianza, es de una importancia tremenda para el paciente, aparte de una de las misiones más grandiosas de la profesión médica, profesión que posee la humilde grandeza de tener al Hombre como objeto… Ser médico es, en primer lugar, ser nada más que médico, y al mismo tiempo, ser médico hasta el final. Ningún médico está autorizado a abandonar a su enfermo por el mero hecho de padecer una enfermedad incurable y grave.
Si puedes curar, cura.
Si no puedes curar, alivia.
Y si no puedes aliviar, consuela.

La conjunción de las investigaciones básicas orientadas al paciente, junto con las investigaciones preclínicas y las clínicas apoya a los investigadores clínicos para identificar, a través de observaciones directas, nuevas hipótesis alternativas relevantes de la enfermedad, e incide en la mejora de la salud de los pacientes y, por consiguiente, de la salud pública. Se trata de trasladar eficazmente el descubrimiento desde el laboratorio a la clínica, para mejorar la prevención, el diagnóstico, el tratamiento y el pronóstico de las enfermedades que nos afectan. Este camino desde la investigación a la cabecera del enfermo y viceversa, requiere una permanente puesta en común y el compartir las preguntas, los avances tecnológicos y los nuevos descubrimientos en beneficio de los enfermos. Un proceso que supone escuchar y entender la comunicación desde el punto de vista del que habla, ya que lo relevante trasciende de lo que se dice y está en lo que entiende el otro. El médico no es, en modo alguno, el médico de los seres vivos en general, ni siquiera el médico del género humano, sino el médico del individuo humano, y además el médico de un individuo en determinadas condiciones morbosas peculiares a él, y que constituye lo que se ha llamado su idiosincrasia. En ese contexto, el médico está necesariamente abocado a dar por buenas cuantas cosas le han sido enseñadas y a hacerlo con la única libertad que le pueden permitir los siempre estrechos límites de su experiencia personal.

El presente nos muestra un futuro que antes solo imaginábamos en sueños. No podemos cuidar a un paciente los 365 días del año con una visita de 7 minutos. El papel activo que el paciente tiene en su propio cuidado es una forma para mejorar sus propios desenlace. Los pacientes son el recurso menos utilizado 
dentro del cuidado de los pacientes. Las nuevas generaciones de médicos tienen que estar ahí para entender y apoyar a sus pacientes en una incursión cada vez más activa en el proceso de su salud.
Una gran cantidad de problemas en la práctica clínica se presentan por falta de empatía y errores en la comunicación. Tal vez si lo trabajáramos juntos tendríamos una mejor medicina y mejores sistemas de salud. Pasé demasiado tiempo aprendiendo sobre enfermedades raras y condiciones poco comunes, y poco tiempo aprendiendo sobre control de adicciones, salud sexual, manejo de enfermedades crónicas y detección y prevención de problemas públicos de salud. Las políticas de salud deben reorientarse hacia un enfoque en salud pública para que el médico sea verdaderamente capaz de resolver el 80% de los problemas de salud de nuestro país.

Hay una parábola bíblica que nos habla de un hombre que se detuvo para ayudar a un extraño tendido al borde del camino, al que habían golpeado y robado. Otras dos personas habían pasado por allí, pero asustadas, habían acelerado el paso sin brindarle ayuda. A propósito de esta parábola, Martin Luther King Jr. dijo que mientras estos se preguntaron "¿qué me pasará si me detengo y ayudo a este hombre?, por el 
contrario el otro se peguntó: ¿Qué le sucederá a él si yo no le ayudo?. La compasión se erige sobre la empatía, que a su vez, requiere prestar atención a los demás. Si estamos absortos en nosotros, no nos daremos cuenta de los demás y seguiremos nuestro camino indiferentes al sufrimiento.

La preocupación empática es instintiva, hasta los monos rhesus son incapaces de tirar de una cadena para obtener un plátano si ello va acompañado de una descarga eléctrica sobre otro mono. Los humanos, añadimos a ese instinto natural el cuidado. Una de las formas más sutiles de cuidado se da cuando apelamos a nuestra presencia amorosa y consoladora para tratar de calmar a alguien. Según algunas investigaciones realizadas, la mera presencia de un ser querido tiene un efecto analgésico y aquieta los centros que se ocupan del registro del dolor. 
La misma red neuronal que se activa cuando vemos a alguien sufriendo se pone también en marcha cuando vemos algo que nos provoca aversión: esto es terrible, tengo que irme de aquí--es una reacción innata. Sin embargo, los médicos no hacen eso. Su cerebro es único a la hora de bloquear su respuesta automática al dolor y al malestar ajeno. Esta anestesia de la atención moviliza la llamada unión temporoparietal y algunas regiones de la corteza prefrontal, un circuito que favorece la concentración desconectando de las emociones, y permite entender intelectualmente la perspectiva de la ora persona. Esto supone la ventaja crucial de permanecer tranquilos y concentrados mientras todos los demás se alejan espantados. 

Cuenta un médico que fue a asistir a las víctimas del terremoto de Puerto Príncipe en Haití que cuando llegaron todo era caótico "menos lo que estaban haciendo". En estas situaciones, el médico debe mantener la distancia suficiente para que sus vasos sanguíneos no se cierren y su corazón permanezca estable, manteniendo la atención y concentración en lo que está haciendo sin dejar de permanecer abierto a los sentimientos y experiencias del paciente, haciéndole saber que lo entiende, que lo cuida y que a pesar de la situación, está ahí. 

En una ocasión, la madre Teresa de Calcuta tenía entre sus brazos a un enfermo de sida que se estaba muriendo. Había varias personas que habían llegado de Europa para conocer la labor de la Madre Teresa en la India. Cuando una de estas personas vio que la Madre Teresa daba un beso en la mejilla a un moribundo de sida justo antes de que muriera, exclamó: ¡Yo no haría eso ni por un millón de libras! La Madre Teresa la miró y le dijo: Yo tampoco lo haría. 

Ser médico es ser socio. 
Es estar al lado y no por encima. 
Es auxiliar con amor y no con prepotencia. 
Es estar consciente de que la curación es atributo del enfermo 
y no del terapeuta. 
Es ser solidario. 
Pero, por encima de todo, es Ser Humano 
Si cuando ayudas a alguien esperas algo a cambio, estás haciendo negocios, no siendo humano.

No busque culpables, halle remedios. Las ideas son claves cuando se convierten en el ideal de una vida. 
Hay que aceptar los riesgos porque es donde los seres humanos crecemos y evolucionamos, el decir sí a los desafíos y a pesar del dolor, de la confusión y de la frustración tener siempre una imagen de grandeza. 
La salvación de nuestro mundo se encuentra en el corazón de las personas, en su humildad, la humildad para asombrarse, la humildad para sorprenderse, la humildad para mirarnos a nosotros mismos con ojos nuevos, y no juzgarnos, ser responsables de nuestras vidas. Para eso tenemos que enfocarnos en lo que está bien, no en quien tiene la culpa de que las cosas no me salgan como quiero, sino en qué puedo hacer para mejorarlo y para que en el próximo intento, obtenga un mejor resultado.
"He contemplado repetidas veces un hecho que trastorna mi corazón cada vez que reflexiono en él. Gente joven y con enfermedades leves mueren como si se tratara de ancianos presa de una terrible y letal dolencia mientras que viejos atenazados por males en apariencia incurable sobreviven contra todo diagnóstico. Los jóvenes que así perecen eran más fuertes y deberían haber sobrevivido y los ancianos que resisten eran más débiles y tendrían que haber sido enterrados”.
 “…En todos los casos he descubierto, que pese a juventud y robustez, estos jóvenes tenían un espíritu que no encontraba ningún sentido a la existencia, que no habían descubierto un objetivo hacia el que dirigirse…” 
"Por el contrario aquellos que pese a dificultades, enfermedad, vejez, a estar arrugados, gastados exhaustos albergaban un ansia indescriptible de seguir viviendo. Porque sabían para lo que vivían, aunque sus existencias y experiencias resultaran extraordinariamente difíciles por décadas". Rabí Moisés Ben Maimón Rambam (Maimónides) 1135-1204.

No es el porqué lo hacemos, es el para qué.

Hay que tener cuidado con las palabras que usamos porque nada tiene más fuerza que una palabra. Un caso es un caso, pero si son dos es un brote, y no tiene la misma importancia y trascendencia tratar un caso que un brote, ni un piojo es igual que una sarna ante los ojos de la prensa aún siendo ambos ectoparásitos de igual consideración en las medidas a adoptar. No es igual llamarte persona que defiende sus valores que arrastrada porque esos mismos valores que para una cosa te dan valor, para la misma cuando  no es compartida bajo un mismo esquema de pensamientos te lo restan. Debajo de los comportamientos de las personas se esconde un mundo oculto. Por qué tendria que llamarlo malo si no lo es o porque tu no eres capaz de verlo con los ojos que lo miro yo? La poesía está en todas partes no solo en el libro que compras en una librería como bestseller del año .  Tal vez deberíamos juzgar menos y simplemente respetar y amar más. Son esas diferencias las que enriquecen al ser humano y al mundo que habita. 

Ese ámbito en el que de verdad sentimos que podemos ser nosotros mismos y experimentamos una seguridad plena, es nuestro lugar en el mundo. Es una pena cuando por no entenderte, por mirar y no ver, por oír y no escuchar, por juzgar y no amar tienes que apartarte de ese lugar que te daba paz. 

En definitiva, toda búsqueda implicará apartarte de donde te encuentras. Habrá los que no habrán de entenderlo y estarán los que siempre te estuvieron esperando. El destino de un viaje nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas. Sobre esta tierra hay algo que merece vivir. Que nuestros valores nos guíen y nos lleven a ese puerto. 


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